Halloween en la Moncloa

Menuda fiestecita de Halloween han debido celebrar este fin de semana en el palacio de la Moncloa con las niñas góticas de Zapatero corriendo con sus sayas negras de aquí para allá, mamá Sonsoles cantando arias fúnebres en la sala de música, Zapatero vestido de “zombie”, Rubalcaba de vampiro, Elena Salgado de bruja cambiando chocolatinas por dólares mientras dice eso de “trato o truco”, y la ministra Chacón con traje de Rambo escondida en la sala blindada de crisis militar para celebrar una video conferencia con Afganistán: “mamá tango, llamando a general, ¿me copia? corto y cambio”.

Cómo han cambiado las cosas en Moncloa de un tiempo a esta parte y qué razón tenía doña Sonsoles cuando declaraba que había que salir de allí lo antes posible, porque la de León –que debe conocer a Zapatero mejor que nadie- siempre ha sido consciente del peligro que tiene su marido y por eso veía venir el hundimiento. E imaginamos que la señora pensará que todavía le quedan unos largos meses de tortura y angustia hasta que abandonen ese tétrico palacio que alguien –a ver si Rajoy es capaz- debería de convertir en museo de cera, o de horrores, para trasladar la presidencia del Gobierno al Cuartel General del Ejército que está en la plaza de la Cibeles y que fue la presidencia del Consejo de Ministros español, y el lugar donde gobernó y murió Prim.

En realidad el que querría ocupar esa presidencia del Gobierno –y así se lo confesó a Marcello- en ese histórico y céntrico cuartel es Gallardón. Y por eso trasladó el Ayuntamiento al Palacio de Correos para ver y llorar desde su despacho atalaya por la casa roja de su eterna ambición. Aunque desde el torreón se ve también el Banco de España, donde se pide todos los días a los políticos austeridad. Y a sus pies la diosa Cibeles, el talismán del Real Madrid, y a su izquierda el Palacio de Linares donde por la noche se oyen voces fantasmales de damas fallecidas en extrañas circunstancias, y más a su izquierda y hacia atrás la Puerta de Alcalá a las orillas del Retiro, donde el alcalde suele celebrar grandes agasajos en el pabellón de los jardines de Cecilio Rodríguez, por donde pasean, a su imagen y semejanza, los pavos reales desplegando sus abanicos de marcha nupcial.

La Moncloa es un horror, con esos jardines huertanos y espantosos, y ese “porchecito” pobrecito –un quiero y no puedo de Casa Blanca– de chalé de un nuevo rico de la construcción-, donde Zapatero suele poner las banderas nacionalistas cada vez que viene un lehendakari o un president a pasar el cazo a Madrid. Y no digamos los despachos y la residencia del presidente y de su familia, pegada a los despachos y reuniones y recepciones oficiales, y a la no menos horrorosa sala o patio de columnas, imposible de decorar.

Desde luego, el día que un presidente del Gobierno, o de la República, se traslade a la plaza de Cibeles, como debe ser -porque la Puerta del Sol ya está gafada- las productoras de cine se van a pelear para conseguir permiso para rodar en la Moncloa películas de terror. Pero de momento ahí está y ahí sigue Zapatero dispuesto a pasar en semejante armatoste otra Navidad, ¡la penúltima!, pensará sin saber que Rubalcaba ya sueña con ocupar dicha mansión antes de las elecciones generales de 2012. Porque para entonces puede que sea demasiado tarde para culminar su operación.

Para eso dio Rubalcaba el golpe de Estado o del Gobierno en la reciente crisis del Gabinete, y además ya está sentado en el edificio contiguo de la vicepresidencia primera y tiene a sus órdenes a la Policía, la Guardia Civil, el CNI y a “los curritos” de la Audiencia Nacional. Es decir la sartén por el mango y solo le falta ocupar el sillón presidencial. Por eso pasea inquieto y vestido de vampiro por la fiesta de Halloween en la Moncloa a ver si en un descuido atrapa a Zapatero y le muerde la yugular.