De Viriato a Sánchez Dragó

Ahora que Argentina llora la muerte de Néstor Kirchner, heredero de la saga de Juan Domingo Perón, o líder del Justicialismo, y que un manto de incertidumbre ser cierne sobre la vida política bonaerense, en Madrid donde el tango y el populismo suelen tener mucha aceptación asistimos un día sí, y otro también, a nuestro particular espectáculo de “pan y circo” con el que los poderosos de la política y las finanzas pretenden distraer al personal. Como si aquí ya no pasara nada, o poca cosa, no vaya a ser que en una de estas entremos en la espontánea bronca social, y no digamos en la crisis de las altas finanzas porque las cuentas de resultados de bancos y cajas de ahorro dan mucho que temer y que pensar.

Así, mientras la política y la economía viajan de la mano por el tobogán de la risa floja hacia la catástrofe final, la España dicharachera y popular se columpia en la portería del fútbol nacional –estamos a la espera del balón de oro para alguno de los chicos sabios de la Selección– como  un mágico ungüento o el bálsamo de Fierabrás que todo lo cura y todo lo distrae. Lo que sumado a la telebasura, horrores y disparates de farándula del papel de estraza (que no del papel “couché”) sirve para distraer al personal.

La serie televisiva sobre el comienzo de los amores del Príncipe Felipe y la periodista Letizia Ortiz, fue derrotada en las audiencias por la Hispania de  Viriato y de sus valientes en su guerra de liberación contra Roma y su cruel pretor Galba, cuyas hazañas de sangre y represión en España en nombre del imperio alcanzaron tal fama y notoriedad que el mismísimo Catón las denunció como ignominiosas en el Senado de Roma. Y ese sí que era un Senado y no éste Senado español, con sus senadores de pacotilla y sus  traducciones simultáneas entre hispanos.

Por supuesto los amos de Telecinco que parecen llegados a Madrid desde el basurero de Nápoles y por orden de Berlusconi son los reyes del mambo audiovisual y tienen a su hortera e insufrible “princesa del pueblo” Belén Esteban convertida en la estrella nacional, a cualquier hora del día o de la noche. Y no digamos sus debates político/escandalosos de la Noria donde los políticos en campaña electoral no dudan en participar, dando alas a la basura audiovisual.

La que por otra parte se completa con las no menos y poco ejemplares tertulias de fanáticos publicistas políticos de uno y otro bando, en las que los sectarios de la izquierda y los conversos de la extrema derecha, algún notorio delincuente, y toda clase de pillos y oportunistas, se mezclan con diputados y dirigentes del PSOE y del PP, aburriendo así y arruinando sus audiencias que no pasan del 1 por 100. Pero que por lo menos rellenan la parrilla de su programación con unos gastos mínimos de unas televisiones digitales y ruinosas que no aportan ni un ápice de talento o de lucidez.

Y por si algo faltara en semejante esperpento nacional ahora se desnuda, por enésima vez, ese personaje pintoresco y a veces infecto de Fernando Sánchez Dragó presumiendo de haberse acostado con dos japonesas de 13 años, y de hacerlo público porque cree que el delito prescribió (puede que el delito sí pero no el delincuente). Y naturalmente cuando el revuelo llega a los medios de comunicación intenta desdecirse de lo escrito y de lo dicho por él. Pero ya es demasiado tarde, porque este “culto” protegido del PP –y de su vecina Esperanza Aguirre, en especial y en Telemadrid- tan aficionado a desnudarse y a pregonar con desvergüenza su obscenidad se ha pasado de la raya y no tiene marcha atrás. A este Galba, si mandara en España, sí que lo debía de colgar.