Pérez Reverte y Moratinos

Los escritores están para fabular y como intelectuales y hombres libres para decir lo que piensan sin miedo a todo lo demás. Y desde ese punto de vista el que el escritor Arturo Pérez Reverte haya dicho que Moratinos es “un mierda” por echarse a llorar tras su cese de ministro no tiene mayor importancia que la que le ha dado la red social de Twitter y la avalancha del PSOE policiaco de lo políticamente correcto que, cada día que pasa va a mucho peor, con lo de los morritos de la Pajín o el plumero de Rajoy, o las tonterías lingüísticas y de todo orden sobre “la igualdad” -¿se acuerdan de “las jóvenas” de Carmen Romero?. La “igualdad”, la que acaba de perder, como diría Reverte, un “ministerio de mierda”, porque no sirvió para nada sino para batir el récord de los asesinatos de violencia de género en lo que va de año y a pesar de Bibiana Aído.

Todavía me acuerdo la que se organizó en España cuando Cela dijo aquello de que “si la virgen de Covadonga es pequeñina y gala, pues que se joda”, y lo declararon persona non grata en Asturias. O la que le liaron a Mario Vargas Llosa algunos imbéciles por denunciar los abusos, de todo orden, del comandante nicaragüense Daniel Ortega. O las protestas contra García Márquez u Oliver Stone por apoyar a Fidel. O lo que decía Larra o Quevedo de todo el mundo, y así hasta un millón.

Ya está bien de lo políticamente correcto que es el colmo del cinismo y de la desvergüenza. Y a Moratinos si tan bueno era ¿por qué lo han echado? Pues porque, literariamente hablando, era “un mierda” de la diplomacia que se estrelló en la presidencia de la UE en Madrid y que le han tomado el pelo en La Habana, Caracas, París, Rabat, Gibraltar y recientemente en Tel Aviv, a donde fue con su colega francés a convencer en sólo un par de horas a su homólogo, el radical Lieberman, de que Israel firme la paz con los palestinos y el canciller judío les respondió diciéndole que se ocupen ellos de los problemas de Europa que son muchos.

Bueno, el hecho de que Moratinos dijera en su despedida que lamentaba no haber visto solucionado el problema del Oriente Próximo antes de irse de Exteriores da una idea de su dimensión política e intelectual. O aún no sabe que no hay solución, o se quería quedar de ministro una eternidad.

Solo falta que a los problemas que este país tiene en libertad de expresión –reducida a los grandes bloques mediáticos del PSOE o del PP– se le añada la presión sobre artistas e intelectuales. ¿Acaso no salió la Chacón en la defensa de su amigo el desaparecido actor Pepe Rubianes que dijo aquello de “la puta España” y otras lindezas? Pues eso mismo o más respecto para Reverte. Y a no olvidar al entrañable Juan Antonio Labordeta que acaba de morir en medio de un aplauso general de los españoles, cuando un día en el Congreso de los Diputados le dijo con razón al diputado y niñato del PP Carlos Aragonés desde el estrado: “Cállate gilipollas que no me dejas hablar”. Y dio en la diana, y no pasó nada más.