Cambio de Gobierno y cese de Pajín

Zapatero se va a Doñana con viento fresco y una colección vistosa de suspensos de cara a los exámenes de septiembre donde le espera un severo tribunal en el que estarán sentados entre otros examinadores los sindicalistas Totxo y Méndez, el peneuvista Urkullu, y el catalán Artur Mas los protagonistas políticos del otoño, amén de los guardianes financieros de los mercados y los barones regionales del PSOE que se temen lo peor. Las tareas más urgentes que Zapatero se lleva a las playas de Huelva son sin embargo la crisis de su gobierno, que debía de empezar por el mismo –aunque eso no lo contempla, por ahora-, y la reforma del aparato del PSOE una vez que la imagen y la capacidad política de Leire Pajin ha dejado tras de sí un legado pésimo y un fracaso estrepitoso a la hora de transmitir las iniciativas de su partido y de hacer frente al empuje de la oposición, sobre todo el PP que no cesa de subir en las encuestas electorales en la misma proporción en la que desciende el PSOE.

Es verdad que Pajín no tiene la culpa de los muchos desastres que ha provocado Zapatero y su gobierno, y que su función ha sido una misión imposible más dedicada a dar excusas y a poner cataplasmas a las heridas de su partido que a vender éxitos. Ni siquiera la que fuera su profecía “planetaria” sobre la presidencia de España en la Unión Europea se cumplió, pero es en esas dificultades donde se ve la capacidad política, liderazgo y habilidad para sortear los problemas y Pajín ha fracasado de manera clara y además ha trasmitido una imagen chusca y muy falta de empaque y credibilidad. Y su pobre discurso contra el PP, con la cantinela pedigüeña de que los populares “no arriman el hombro” para salvar al gobierno socialista de sus errores resultó un fracaso estrepitoso a la vista de las encuestas.

Por ejemplo ¿cuándo debió arrimar el hombro el PP, cuándo Zapatero se negaba al ajuste social del déficit o cuando cambió de opinión tras la reprimenda que recibió de la UE dándole la razón al PP? Si el PP le hubiera hecho caso a Zapatero y a Pajín se habría hundido con ellos, en lo de la crisis económica y en todo lo demás, aquí incluido el estatuto catalán, que Zapatero decía que era constitucional y limpio como una patena.

La Pajín está políticamente más abrasada que Zapatero que ya es decir, y corre el “riesgo” de que la hagan ministra con una patada hacia arriba, lo que sería el colmo de insensatez en un tiempo donde en el PSOE, en toda España, y parte del extranjero, se reclama ahora un nuevo Gobierno de España, sin cuotas ni aprendices, marcado por la experiencia y por la cualificación y calidad de los futuros gobernantes. Y si la crisis del nuevo Gobierno pasa por hacerle un sitio a Pajín para colocar en el PSOE a un portavoz y dirigente con más empaque –el propio Chaves, Alonso, o Caldera-, pues en ese caso mal empezamos con el cambio del gabinete.

En medios políticos y periodísticos afines al PSOE se habla de un Gobierno donde estén los que se llaman pesos pesados de la vieja guardia felipista, empezando por Javier Solana, o Joaquín Almunia, o Miguel Boyer –que está medio en el paro-, u otros dirigentes del primer nivel tanto europeo como español como es el caso de Josep Borrell, o dirigentes de nivel mediano tales como Javier Gómez Navarro, Guillermo de la Dehesa, Bernardino León, Enrique Serrano, Javier de Paz, etc. Y algunos ministros actuales como Blanco, Rubalcaba o Gabilondo, y puede que la Chacón, por la recomendación e influencia de su marido porque ella ha sido un desastre como ministra de Defensa y acaba de decir que España no es una nación sino varias naciones. Pero es el tiempo de que caigan del gabinete De la Vega, Chaves, Salgado, Caamaño –que ya está preparando su regreso a la cátedra gallega-, o Trini Jiménez que se quiere ir a la Comunidad de Madrid, o Corredor porque su ministerio no tiene sentido, como tampoco lo tiene el de Ciencia y Tecnología, el de Cultura o el de Igualdad.

Veremos qué pasa y quién se queda con las vicepresidencias del Gobierno que deberían ser o solo una o a lo mas dos, puestos por los que disputan Solana, Blanco y Rubalcaba, y puede que la enchufada de la Chacón y alguno de los candidatos a la vicepresidencia económica. Vamos a ver cómo se desarrolla y camina la crisis del Gobierno que Zapatero debería llevar a Mallorca al Rey porque este Gobierno está hecho unos zorros y no puede más. Y algo tiene que cambiar, porque los ciudadanos están hasta la mismísima coronilla de la dramática situación general. Es verdad que lo ideal sería sustituir en primer lugar a Zapatero pero el presidente, aunque hace amagos, no se va. Quiere continuar y de momento se prepara para soltar lastre de ministros a ver si con ello remonta un poco el vuelo, gana tiempo y recompone un poco la situación. No le será fácil hacer la crisis del gabinete, pero no tiene otra solución. Y cuidado con el puesto de vicepresidente primero que sale de esta crisis porque si Zapatero desfallece podría llegar a ser el sucesor.