Gallardón y Cobo

Con el dramatismo que le caracteriza el vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, retiró por orden de la dirección nacional del PP –de cuya militancia está suspendido- el recurso que acaba de presentar contra el archivo del caso del espionaje de Madrid, poniendo fin a un episodio grotesco que se debió solucionar en el seno del PP antes de llegar a los tribunales pero que no fue posible por el duro enfrentamiento que libran desde hace años Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón, ante las narices del líder del PP Mariano Rajoy. El que primero huyo del problema como es habitual en él, y luego se recreó en el espectáculo porque quizás consideró que así se destrozarían mutuamente los dos políticos que aspiraban a ser sus alternativas o sucesores en el liderazgo del PP.

Gallardón y Cobo –que son la misma cosa, aunque el alcalde no da la cara y utiliza a su ayudante para sus guerras con Aguirre, se han equivocado tres veces: en la entrevista a “El País” contra Aguirre –cuando la presidenta madrileña tenía perdida la batalla de Caja Madrid a favor de Rato-, donde se dijeron muchos disparates y cursiladas; en el dramático discurso de Cobo en la Ejecutiva del PP donde llegó a decir que temía por la vida de los hijos de los presentes; y en la presentación de la demanda porque la perdió y ahora su partido no le dejan recurrir con alusiones a la disciplina, lo que no deja de ser un sarcasmo porque una persona suspendida de militancia no está sujeta a ninguna disciplina.

Gallardón y Cobo se han equivocado en estos tres asuntos y si alguien lo escribe y lo dice se enfadan y toman represalias, lo que da una idea de su talante democrático y del respeto que ambos tienen por los medios de comunicación de los que se quejan tan a menudo, con la sola excepción del Grupo Prisa, porque la SER y El País son los que fabrican al alcalde su fama de moderado del PP. Naturalmente, tanto Rajoy como Cospedal habrán prometido levantar la sanción a Cobo en la primera oportunidad. En cuanto a Prada ya sabíamos que daría marcha atrás porque tiene mucho que callar y ya lo saben en Génova y en la Comunidad de Madrid.

La cuestión de fondo que subyace en este asunto es la de quién ganará la guerra entre Aguirre y Gallardón, o si la perderán irremediablemente los dos. Y naturalmente quien tiene la sartén por el mango en la disputa es Rajoy. Y el misterio se va a desvelar una vez que se proclamen en el otoño oficialmente en el PP las candidaturas autonómicas y municipales de Madrid –y las de Valencia y Asturias, donde esperan Camps y Álvarez Cascos- en un primer envite. Y posteriormente habrá que esperar a ver las la lista al Congreso de los Diputados por Madrid, con vistas a las elecciones generales de 2012, porque Aguirre y Gallardón ya quisieron ir en dichas listas en las elecciones de 2008 para tener el acta de diputado y disputarle el liderazgo a Rajoy tras la que se esperaba como su segunda derrota electoral nacional.

Naturalmente, ahora las cosas han cambiado mucho, porque Rajoy tiene las de ganar frente a Zapatero y porque la batalla interna de Madrid se ha desinflado bastante una vez que las encuestas son muy favorables al líder del PP.

No cabe duda que Rajoy tiene cuentas pendientes con Aguirre y con su clan mediático porque pretendieron destronarlo en 2008, y porque la presidenta no ha parado de desafiar a Rajoy y de entrometerse en la política nacional creando problemas a todo el PP. Pero sorprendería que Rajoy expulsara a la presidenta Aguirre de la cabecera del cartel de la Comunidad de Madrid –como Zapatero pretende hacer con Tomás Gómez-porque eso supondría abrir una crisis en el PP y Rajoy huye de los problemas aunque pierda autoridad. Pero si las cosas se quedan como están tampoco creemos que Rajoy vaya a consentir a Aguirre y a Granados volver a las andadas y meter la mano en la lista del ayuntamiento de Madrid como hicieron hace ahora tres años.

Si las cosas quedan como están para Aguirre y Gallardón, y el alcalde en 2012 entra en la lista de Rajoy al Congreso de los Diputados y posteriormente en un lugar destacado del gobierno de la nación, entonces Aguirre habría perdido la batalla y su pulso con el alcalde, lo que sería lógico y de esperar. En cuanto al caso del espionaje está claro que algo hubo, aunque no lo considere probado la juez, como está claro que Granados es un personaje bajo todas las sospechas y con una ambición sin límites que cualquier día de estos puede saltar por los aires, si es que el PP no lo aparta antes de la política que es lo que debería de hacer. A Cobo sus polémicas con Aguirre le han salido mal, pero ha hecho bien en dar un paso atrás para recuperar su militancia, calmarse y ponerse a esperar acontecimientos que con toda seguridad llegarán.