Una de espías en la guerra del PP

El juicio sobre el pretendido espionaje de las huestes de Aguirre a las de Gallardón ha quedado sobreseído por falta de pruebas, que no de indicios, y está la condesa de Bombay como unas castañuelas por la pírrica victoria de la que no estaba tan segura cuando tiró por la ventana a su fiel y presunto jefe policial del espionaje, el tal Gamón. Y allá va ese pájaro tan amigo del yernísimo del constructor –aficionado a detectives, y otras andanzas de las que pronto sabréis- luciendo sonrisas infames y pidiendo que rueden cabezas en la Asamblea de Madrid, la de Prada al que lo tienen pillados por los bajos (en Ginso y Uribarri, a su paso por la Consejería de Justicia e Interior de Madrid), y la diputada autonómica Carmen Rodríguez, tan amiga de Álvaro Lapuerta, el viejo cocodrilo de las finanzas del PP, “socias” de Prada y padre putativo de Luis Bárcenas del que nunca más se supo, por el momento.

La batalla de Madrid entre Aguirre y Gallardón sigue viva y se desarrolla en tribunales –los perdedores, Cobo y compañía, van a recurrir la sentencia-, en el campo madrileño del honor y en la cúpula del PP. El alcalde Gallardón se ha llevado un sofocón por un asunto que Rajoy nunca debió dejar que llegara a los tribunales, pero al presidente del PP le gusta ver como sus delfines o presuntos sucesores se destrozan entre sí, o caen rodando a sus píes víctimas de sus presidenciales intrigas y malas artes. Ahora mismo se acaba de cobrar en Asturias la cabeza de Álvarez Cascos, aunque este es mal y muy difícil enemigo al que Rajoy ha humillado y la cosa no quedará así.

Manolito Cobo va de porrazo en porrazo, sigue suspendido de militancia, se equivocó con las declaraciones a El País y su demencial discurso ante la ejecutiva del PP donde dijo aquello de que “temía por los hijos de los allí presentes”, y Fraga estalló contra semejante tontería. Cobo y Gallardón que son expertos en no hacer amigos y que se ocultan bajo las sábanas del diario El País han salido trasquilados de este entuerto donde, por cierto, el equipo de investigación de este periódico quedó como la chata. Solo les falta que los jueces anulen el caso Gürtel por las escuchas ilegales del juez Garzón –otro que tal baila y que está en capilla de un aparatoso final-, y entonces ese equipo de sabuesos de El País se hará merecedor de otro premio Ortega, el llamado también del “Rey Palomo”, por lo de yo me lo guiso y yo me lo como.

Gallardón y su Chuti creen que la partida es más larga y que Rajoy le guarda un rencor irrefrenable a la condesa de Bombay, porque Aguirre conspiró contra él, se le subió a las barbas desafiante en numerosas ocasiones, “financió” al periodismo ultramontano y enemigo del líder del PP, y le ha creado problemas por doquier. Y Rajoy tiene una daga de plata guardada en un estuche de boj para rebanarle el gañote a la condesa en la primera ocasión. Además, todos ellos están a la espera de ver que es lo que pasa con las candidaturas de Madrid (y Valencia), y si Gallardón se integra por fin –la venganza del chinito- en la lista dorada al Congreso de Rajoy para 2012, aunque de aquí a esa fecha todavía puede llover mucho bajo el cielo de Madrid. Y si pasa algo sorprendente en las candidaturas madrileñas, Granados caerá, con su infame sonrisa y sospechosas artes, del PP de Madrid donde su fama de pillo –por decirlo suavemente- ya es harto conocida. Como conocido es que conspira contra Ignacio González -mientras susurra al oído de la condesa- al que quiere sustituir como número dos de Madrid para tener el control de la obra pública, su pasión, bajo su mando directo como es fácil de entender.

La sentencia del espionaje le da la razón a Rajoy en su estrategia habitual de huir de cualquier problema para dejar que se pudra y arregle solo -¡Dios mío que pasará en España si este hombre llega a la presidencia del Gobierno y se niega a decidir!-, porque lo suyo es huir y esperar a que caigan los demás. Se lo decía Arriola en la foto espía del móvil de Rajoy durante el debate sobre el estado de la nación, con aquel SMS que ha sido cazado por un fotógrafo avispado, para que tuviera cuidado de no meterse en el debate del estatuto catalán rompiendo “el compromiso” (pero ¿qué compromiso es ese y con quién?). Con quien debe tener cuidado Rajoy es con Arriola el tramoyista que le mueve los brazos con filos hilos de marioneta, que le cose la boca y le mete miedo, y que le ha dicho que será presidente, lo que todavía está por ver.

A  Rajoy no hace falta que nadie le diga que se calle lo del estatuto, o lo de cualquier otro asunto con aristas, porque él es el gran mudo de la política nacional y lleva callado desde que nació sobre todo lo que debiera de hablar empezando por España. Calladito sí que es, pero “matón”. Menudo reguero de cadáveres está dejando el de Pontevedra tras de sí en el PP, Cascos, Aguirre y Gallardón (de momentos dos muertos vivientes), Zaplana, Acebes, Mayor, Aragonés, San Gil, Pizarro, Camps, Elorriaga, los Costa, y Rato, aunque a este lo ha colocado en un poderoso atril. Y ahora, don Mariano está contento porque se acabó el curso político y cree que tiene el viento de las encuestas a favor y a Zapatero perdido en un laberinto de terror. Pero la guerra es muy larga y no solo la de Madrid. De manera que nadie cante victoria porque en contra de lo que dice el pelota de Pons ni Rajoy es como Del Bosque ni su equipo la Selección.