La guerra de Prisa y Mediapro

Ayer sacaba pecho Cebrián en la junta de Prisa diciendo que ellos son los únicos, o de los pocos, que ganan dinero en el mundo de la comunicación y en estos tiempos que corren tan difíciles para todos. Y eso puede ser verdad y auditado está, como también es cierto que la deuda de Prisa y su capitalización en Bolsa están la primera muy alta y la segunda muy baja, y pendiente de la inyección de capital del extraño fondo Liberty del que tanto se habla aunque todos se preguntan: ¿cuándo va a llegar? Como se sabe que Prisa parece haber perdido la opción de compra de Le Monde, donde tienen una importante participación del 15 por 100 que se va a diluir como se diluyen los Polancos y el resto de los accionistas en el capital de la compañía si entran los de Liberty. Y para colmo de desgracias está de por medio la guerra de Mediapró sobre los derechos para la emisión televisada en Sogecable de la Liga del fútbol español.

Esta batalla de Mediapró no solo es empresarial y estratégica en la televisión de pago sino que esconde una trastienda política de alcance porque los adversarios de Prisa en la reyerta son, ni más ni menos, el famoso grupo editorial Imagina que lidera el catalán Roures, convertido en el adversario directo de Cebrián. Disputando a Prisa el que fuera su derecho de primogenitura mediática en los gobiernos socialistas, especialmente en los tiempos de Felipe González y cuando Jesús Polanco, el desparecido patrón de este grupo, ejercía de “Jesús del Gran Poder”, un título que Cebrián ha querido heredar sin éxito y cometiendo errores de bulto como su OPA de Sogecable, la locura de Localia y otras inversiones internacionales y nacionales de pésimo resultado.

Está claro que Zapatero, azuzado por su asesor Barroso y empujado por su confidente Pedro J., llegó a la conclusión de que al casi monopolio de influencia de la Coca Cola de Prisa en la Moncloa (y por lo tanto también de la larga mano de Felipe González) había que promover un grupo editorial zapaterista, la Pepsi Cola de Roures y Contreras que en parte se financió con ayuda de los “empresarios visitadores de la Moncloa”, como dijo Cebrián, a cambio de presuntos favores “gubernamentales” a estos interesados mecenas del entorno mediático y cultural del presidente. Y así nacieron La Sexta, El Público y la famosa guerra del fútbol.

Pero esta Pepsi Cola mediática, que en principio no parecía una competencia de gran impacto para la soberbia habitual de los jefes de Prisa, fue creciendo y se enredó por causa de la guerra del fútbol, la crisis económica y el altísimo endeudamiento de la empresa polanquista y felipista. Y ahora tanto Roures como Cebrián están a palos, en los tribunales y en difíciles circunstancias económicas y financieras que ya veremos como acaban.

Desde luego al auténtico “Jesús del Gran Poder” este Zapatero no se había atrevido a montarle una competencia editorial y mediática en su territorio, como ha ocurrido en este tiempo porque Polanco había fulminado a Zapatero a la primera ocasión, y desde luego ocasiones no han faltado para que Prisa –que ha lanzado algunos disparos de fogueo- le cantara las cuarenta a este temerario y muchas veces disparado presidente del gobierno. Pero Cebrián, que se arrogó el cargo de heredero moral de Polanco no se atrevió a enseñarle los dientes al nuevo inquilino de la Moncloa y además cometió más de un error grave en la gestión de la compañía, de la que ha tenido que cerrar o vender numerosos activos (en Santillana, Localia, Portugal, Cuatro, etc) para hacer frente a sus deudas las que están lejos de solventar a pesar de Liberty (si es que llega), con lo que la familia Polanco no solo va a perder el control de la compañía sino también una parte muy importante de su patrimonio, como el resto de accionistas. Y todo ello gracias a que todavía ciertos bancos (o banco) amigos les siguen renovando los créditos aunque ya veremos hasta donde.

Lo de Roures no está ni mucho menos mejor, porque andan también con ampliaciones de capital –como todo el mundo- y están diciendo que pronto entrarán en beneficios en La Sexta (sic), mientras las cadenas de televisión no compran grandes productos a sus productoras porque no hay un duro y priman los programas de tertulias basura que son mucho más baratos. Incluso el negocio del fútbol no es lo que era por escasez de la publicidad con lo que todos pierden y nadie gana. Y no digamos el horizonte que les espera a Roures y a Cebrián, que siguen agarrados a las tetas del poder, si es el PP el que dentro de poco más de año y medio entra en la Moncloa y se hace con el poder.

Es decir, los dos multimedias del PSOE están en “guerra civil”, entrampados hasta las cejas y a sabiendas que solo uno de ellos puede sobrevivir. ¿Se fusionarán? Nada se puede descartar en las actuales circunstancias, ahí está la venta de Cuatro a Telecinco de Berlusconi –el tan denostado por Prisa primer ministro italiano-, como ejemplo de que en esto del dinero no hay enemigos eternos aunque por ahora los garrotazos y las demandas en los tribunales –donde los de Mediapro han inventado un gambito de suspensión de pagos, que ya veremos como acaba- son la pauta que siguen Ruores y Cebrián. ¿Hasta cuando? Puesta hasta que Zapatero los invite a cenar.