Fútbol y política

El presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, ha tenido que intervenir para poner algo de orden en la escandalosa participación y eliminación de la selección nacional francesa de fútbol del Mundial de Suráfrica donde el entrenador, los jugadores y el equipo técnico han ofrecido un lamentable espectáculo que empeoró la pésima actuación de un equipo que para colmo llegó al Mundial gracias a una mano ilegal de Henry que dejó fuera a Irlanda. “Llegaron con trampas y se han marchado fracasados y a palos entre ellos”, se ha dicho de los famosos “bleus”, un equipo que se ha hecho viejo, sin ideas e incapaz de asumir sus errores e impotencia en el terreno de juego.

Naturalmente, en Francia el escándalo de la selección nacional en el Mundial ocupó con duras críticas los titulares de los grandes medios de comunicación, y muchos de los decepcionados franceses han dicho que el fracaso del equipo refleja la realidad política y económica del país. Que es exactamente lo mismo que se dice en Italia por causa de la eliminación del equipo nacional, los vigentes campeones del mundo. Una colección de viejas glorias que no podía con las botas, y ni siquiera con la modesta Eslovenia que los mandó a Italia en un dramático partido. Aunque, eso sí, lo italianos no dieron la nota como los franceses pero la indignación de la gran afición trasalpina es mayor que la francesa y culpan, como no, al gobierno de Berlusconi, “porco governo”, se suele decir, por esas latitudes.

La Gran Bretaña de Capello ha salvado los muebles, camino de los octavos de final donde se verá las caras con Alemania (otros que también sufrieron), pero su pésimo juego ya había provocado la indignación general de la gran mayoría de los medios de comunicación que buscaban cabezas de turco (de Capello y Rooney), aunque esta vez al gobierno no se le ha culpado de nada, entre otras cosas porque acaba de llegar al poder.

Los que de momento están encantados con la actuación de sus equipos son las dos hinchadas más famosas del mundo: la argentina y la brasileña. Las que no podían permitirse un error en el arranque del campeonato porque se habría convertido en un auténtico drama nacional, porque el fútbol en esas latitudes es más que un deporte, es el orgullo nacional.

¿Y España? Pues los españoles, como todos los ciudadanos de los grandes países europeos donde el fútbol manda sobre cualquier otro deporte, se han tomado lo del Mundial como una válvula de escape de los muchos problemas económicos (con el récord del paro de la UE), y hoy vivirán una jornada dramática y esperanzadora en la que se decidirá si nuestra Selección, llamada La Roja pasa el corte inicial, o si regresa para España en el caso de que Chile nos derrote.

En la selección española no hay problemas –aunque sí chismes sobre los amores de Casillas con una periodista que lo persigue por doquier-, pero si máxima preocupación porque llegó a Suráfrica como favorita del mundial porque, como decía Maradona con razón, “parecía que España solo venía a recoger la copa y que los demás competirían por el segundo lugar”. Y esa expectación y la buena fama de nuestros jugadores y de su estilo en el campo es la que había despertado tantas ilusiones en los tiempos difíciles en los que vivimos los españoles. Y en los que el gobierno de Zapatero, como dice la portavoz parlamentaria del PP, Soraya Sáez de Santamaría, no para de dar volteretas y resbalones como el famoso balón del mundial que se ha convertido en la pesadilla de los porteros.

Menos afortunado ha sido el símil del ministro Blanco sobre Rajoy al que comparó con el ruido de las atronadoras “vuvuzelas” africanas, cuando al contrario si por algo se caracteriza el líder del PP es por su inmovilismo y silencio sepulcral. De manera que hasta en esto del fútbol se mantiene la discrepancia frontal entre PSOE y PP cuando lo lógico sería que, entre tanta mala noticia que nos inunda, los dirigentes políticos por lo menos aparecieran juntos ante tan trascendental partido. Eso sí, en el caso de que España pase a octavos de final como todo el mundo espera, y que la Selección siga su escalada hacia la cúspide del campeonato entonces vamos a ver a más de uno viajando hacia Suráfrica para hacerse las fotos del oportunismo y la propaganda política.

Pero si las cosas salen mal aquí no habrá bronca política pero si enorme decepción, y gran desánimo entre una gran mayoría de españoles que se merecen un triunfo y una buena noticia en medio de la vigente desolación que nos inunda, adornada además de tragedias tan brutales como la del desgraciado atropello del tren de Castelldefels. Los chicos de Las Roja lo saben y harán lo imposible por ganar como lo han hecho siempre, porque este equipo unido, brillante y profesional ha trabajado bien y ha dado muchas alegrías a la afición española. Aunque ya se sabe que en el Mundial no basta el trabajo bien hecho como lo vimos ante Suiza sino mucho mas y un poco de coraje y de fortuna que nos permitan triunfar.