Deslealtad de Gutiérrez o de Zapatero

El diputado socialista y ex secretario general de CC.OO. Antonio Gutiérrez se ha convertido en primera víctima política o el primer héroe que desafía a Zapatero desde dentro del PSOE, al abstenerse en la votación del decreto de la reforma laboral que ayer pasó el trámite de convalidación en el Congreso de los Diputados gracias a un bloque de abstenciones de la oposición conservadora (PP, CiU, PNV), que espera su turno de enmiendas a introducir en dicha reforma durante su posterior tramitación como proyecto de Ley.

Gutiérrez, coherente con su pasado de líder sindical y también con su conciencia y sus compromisos con las políticas de la izquierda, decidió no apoyar el segundo decretazo de Zapatero -quizás no debió haber aprobado ni siquiera el primero del ajuste social del déficit- y se abstuvo en la votación a pesar de las advertencias y presiones que le hicieron, llegando a ser descalificado como desleal por el portavoz del Grupo Socialista del Congreso de los Diputados, José Antonio Alonso, que le exigía disciplina de voto.

Una exigencia que es inconstitucional e ilegal porque según nuestra Carta Magna los diputados no están sometidos al mandato imperativo de nadie y deben hablar y votar con libertad y en conciencia que es lo que ha hecho Gutiérrez. Y si alguien como el tal Alonso, toma desde el PSOE represalias o sanciones contra Gutiérrez estará violando la legalidad y podría verse incurso en un delito (artículo 542 del Código Penal, con penas de inhabilitación de 1 a 4 años) por violación del estatus del diputado nacional y de los Derechos Fundamentales que emanan de la Constitución.

Y sorprende que sea un juez, como Alonso, quien haya lanzado descalificaciones y advertencias al diputado Gutiérrez, dando prueba del desconcierto que impera en el PSOE y del temor que tienen los dirigentes del partido a que se produzca una rebelión interna contra Zapatero y su gobierno. Porque el desleal no es el Gutiérrez citado sino el propio presidente del Gobierno que ha cambiado su discurso político de la noche a la mañana, se ha sometido al poder de los mercados y a la influencia de los gobiernos conservadores de la Unión Europea y ha traicionado a la izquierda, en un acto de plena deslealtad con sus votantes e incluso con sus propios discursos con los que fue elegido.

Podrá aludir Zapatero que se encontró en un “estado de necesidad” ante la amenaza de quiebra de la deuda del Estado. Pues bien, en ese caso debe dimitir por coherencia y por su compromiso con la izquierda, pero no dar una voltereta de 180 grados y seguir como si nada en la presidencia del gobierno y en el liderazgo del PSOE. Porque no se puede decir como lo ha dicho Zapatero que los mercados especuladores y los bancos son los culpables de la crisis y ahora financiar -con el FROB y otros instrumentos- a los bancos y cajas de ahorro en quiebra y de paso someterse al ajuste social del déficit que le ha impuesto desde Bruselas la señora Merkel, que además frena el crecimiento y va a prorrogar la recesión.

Y todavía tiene el descaro Zapatero de decir que lo hace ¡por España! mientras desde su partido se acusa de desleal a quien levante una bandera social o de la izquierda tal y como lo ha hecho Gutiérrez. Y todo ello porque estamos en el tiempo de “la militancia pura y dura”, como lo proclamó Felipe González ante Zapatero y bajo la foto (sic) de Pablo Iglesias, y aquí como decía Alfonso Guerra el que se mueve no sale en la foto. Lo malo de la cuestión es que el que se ha movido no ha sido Gutiérrez sino Zapatero. Y puede que por eso, y para disimular, el presidente del gobierno ha dicho del ex líder sindical que los “aprecia mucho”, tanto que en el PSOE lo quieren sancionar.