Las Vuvuzelas de Jericó

Para huelga general la que va a tener lugar este miércoles de pasión futbolística a las cuatro en punto de la tarde cuando España entera se pare, no se escuche el vuelo de una mosca y no circule un coche, un tren o un avión por la tierra y el cielo del país porque todos los españoles estarán pendientes de los once caballeros de la Selección Nacional de Fútbol, que a esa hora saltarán al césped de Durban en Sudáfrica para iniciar su esperado debut en el Mundial. El ansiado torneo a donde llegan nuestros paladines con la aureola de “dream team”, el equipo soñado por todos, los once hombres justos del nuevo Camelot donde el impasible Del Bosque se presenta como si fuera el rey Arturo, heredero de Excalibur la mágica espada del poder y la gloria que recibió de las poderosas manos de Luis Aragonés, el Merlín de Hortaleza. Ni más ni menos que el padre de la Selección que hoy echará a correr, o bailará el Cascanueces como si estuviera en la ópera de París, luciendo arabescos y malabarismos con los incontrolables botes del Jabulani. Ese enjabonado balón que trae de los nervios a los porteros (esperemos que Casillas/Lancelot no haya perdido la cabeza por Ginebra/Carbonero) porque vuela como una torcaz haciendo tirabuzones en el cielo, mientras las “vuvuzelas” zulús retumban en el aire como las trompetas de Jericó.

Marcello daría un ojo de Rita Barberá, o los dos de Leire Pajín, por ver el primer partido de España en compañía de Luís Aragonés a quien el villano Villar malhirió y que debería estar en Durbán aunque solo fuera como el talismán de la Selección. Porque lo único que, a simple vista, se echa en falta de “la roja” es un cierto dramatismo, el espíritu de lucha y la tensión que transmitía Luís, porque vemos un exceso de confianza y un cierto complejo de superioridad en los caballeros hispanos con respecto a sus aguerridos adversarios del Mundial. Y la soberbia y la autocomplacencia no suelen ser buenos aliados de los que van a esta “guerra” de Sudáfrica con la intención de ganar siete partidos en un mes, y de traerse a España la mano de oro que levanta el triunfo absoluto del futbol mundial en el año 2010 del Señor, en el que tantas plagas están asolando, como si fuera un castigo divino, el territorio español.

Adivina, adivinanza, ¿jugará el niño Iniesta el primer partido contra Suiza? Pronto se sabrá, en cuanto se levante el telón y suene la Marcha Real, el himno español huérfano de letra al que le llaman “el lolo”, porque lo de “lolear” el himno se ha convertido ya en tradición que acompañará Manolo el del bombo con sus mamporrazos en medio de la trompetería del fin del mundo que suele inundar los estadios del Mundial. No pasa nada, si Del Bosque decide reservar a Iniesta para una mejor ocasión otro habrá, quizás Pedrito, de los muchos y muy buenos que habitan el banquillo español, para ocupar el ala izquierda del ataque español.

En España vamos a estrenar la huelga general futbolera, pero no solo serán los ojos españoles los que estén pendientes del estreno de “la roja” sino más de medio mundo, porque todos saben que en ella habitan los campeones de Europa y que tiene el cerebro del Barça y el corazón del Real Madrid. Pero sobre todo quienes pondrán los cinco sentidos en el partido España-Suiza serán los entrenadores, estrategas y jugadores de las otras grandes selecciones del mundial, las que aspiran a ganar el campeonato que al día de hoy, y visto lo que hemos visto, pueden ser: la cartesiana y automática  Alemania, el caótico y genial Brasil, la agresiva Argentina del loco Maradona, la pertinaz Inglaterra de Capello y la espectacular Costa de Marfíl de Drogba. Y por ahí deambulan sin llamar hasta ahora mucho la atención la siempre astuta Italia, la recuperable Holanda de Robben, o la casi perdida Francia que no tiene equipo ni entrenador pero que cuando suena la Marsellesa hace temblar los estadios y provoca en sus jugadores un mágico subidón.

La suerte está echada, no hay marcha atrás. Hoy se estrena “la roja” en medio de la expectación y la esperanza de millones de españoles que quieren olvidarse de todo lo demás, de la política, de la crisis, del paro, de las deudas y de lo que se nos viene encima en ese otoño caliente que nos acaban de anunciar. Se dice que España nunca tuvo mejor equipo de fútbol ni tendrá mejor ocasión para ganar el Mundial. Nuestro destino inmediato está, pues, en las manos de los 23 caballeros de la piel de toro española de los que esperamos noventa minutos de implacable ballet/control y la primera victoria camino de la gran ilusión.