La puerta por fuera, de Rita y Camps

Francisco Camps se nos ha quedado prendado de la luna de Valencia y la mira con nostalgia reflejada en la albufera desde la más alta torre de la ciudad donde vive atrincherado como las huestes almorávides de Aben Gechaf. A la espera de un Cid Campeador que entre a sangre y fuego en la Generalitat y ponga fin a la patética e inútil resistencia de quien hace ya tiempo que debió dejar la política porque sus amistades peligrosas y dadivosas, el bigotes y compañía, lo han dejado al desnudo y con las vergüenzas al aire a pesar de su bonito fondo de armario, qué le vamos a hacer.

Las cosas del palacio de Justicia van despacio pero van. Y el “tullido” juez Pedreira, del que uno de los chulos de Gürtel decía no estar en condiciones físicas para investigar, le ha metido un rejón a Camps en todo lo alto y ha pasado su imputación del cohecho impropio al propio, mas la financiación ilegal entre otras muchas presuntas lindezas sobre las que, esta vez sí, don Paco de Valencia quiso hablar para quitarle importancia. Con el argumento delatador de que en su Comunidad hay decenas de miles de contratos y que en el sumario solo se habla de ochenta y dos. Aunque solo fuera un contrato ilegal a cambio de favores, y solo un pantalón del sastre José Tomás, el mal por pequeño que parezca no dejaría de serlo. Y si además es delito, con la inhabilitación incluida, pues que le vamos a contar al señor Camps que ya no sepa.

Lo veía venir. Veía venir imparable a los altos magistrados del Supremo dispuestos a revisar y a poner en su sitio el archivo sospechoso de una causa que olía mal por los cuatro costados. Y veíamos venir a Pereira, agachado y decidido, porque es hombre de pundonor que ha enviado a esa bonita ciudad que gobierna Rita Barberá -doña Rita, doña Rita, lo que se da no se quita- un añadido al sumario de los trajes que dará mucho que hablar y que le aumentará la pena de público escarnio y de banquillo de Camps, y eso solo para empezar.

Naturalmente, el cansino de Mariano Rajoy sigue inmóvil a la espera de que Camps caiga por su propio peso como una naranja de la huerta, porque lo suyo no es actuar sino descansar. Y bastante tiene don Mariano con la cansina espera de haber si le cae en suerte y en las manos la breva madura del Zapatero errante y errático, como para encima tener que esperar a que le caiga la amarga naranja de Camps. El valenciano quiso huir, adelantar elecciones, se pasa el día organizándose homenajes así mismo con su gente que le siguen como borreguitos agitando sus campanillas pero sin saber si llevan al jefe a una romería o a un matadero.

Y por allí deambula doña Rita Barberá, la que ha modenizado y puesto de punta en blanco a la ciudad blanca, pero que de un tiempo a esta parte, desde que alguien le mencionó lo de un bolso de Vuitton, se echó al monte vestida de rojo colorado como un tonel incendiado, y no ha parado de dar gritos, agitando los brazos como un enorme molino de viento que hasta al mismo don Quijote habría espantado. Y mandó a los civiles a dar palos a la gente del Cabanyal, y se pasa el día haciendo de escolta del pobre Camps. Y no sabemos si por entusiasmo o si para disimular, porque si cae Camps ella tiene todas las papeletas del PP para sustituirle al frente de la Generalitat, lo que niega con la boca chica, o con la boca grande.

Con esa boquita de piñón fijo que Dios le ha dado y con la que le acaba de meter una bronca a Zapatero llamándole “incompetente, ignorante e inmoral político”. Pero pasándose doña Rita de la rayita cuando la valenciana se metió en la vida familiar del presidente para pedirle que cerrara “por fuera” la puerta de la Moncloa y se fuera con su esposa que está harta de la situación. ¿Y si alguien le dice a doña Rita que cierre por fuera la puerta de la alcaldía de Valencia y se vaya con su esposo a hacer puñetas? La alcaldesa, que tiene más méritos que razones, se debería disculpar con el matrimonio Zapatero y de paso recordar que quien tiene que cerrar por fuera la puerta de la Generalitat es Paco Camps.

No vaya a ser que en una de estas don Mariano, que se hace el muerto como el Campeador a las puertas de Valencia, se levante de la cama y en un arrebato imponga una gestora en el PP valenciano y a partir de ahí ya veremos lo que puede pasar. Porque el de Pontevedra es muy suyo, pero una vez que se enfada nadie lo puede parar. Que le pregunte Rita a la condesa de Bombay, doña Esperanza Aguirre, que dice que está tiesa como la mojama y que no llega a final de mes desde la ventana de su palacio imperial, lo que le pasó a ella con la presidencia de Caja Madrid. O que le pregunte Rita a Ricardo Costa, que lo tiene más cerca, que tal está ahora que lo acaban de volver a imputar. La justicia es lenta, va despacio, pero llegará a Valencia. Ya lo verán.