Chencho, siempre nos quedará “La Roja”

El Príncipe de Asturias don Felipe de Borbón y su santa doña Letizia lo hacen muy bien. Los dos estuvieron impecables y “emocionados” en la cena de gala del Palacio Real sustituyendo al Rey don Juan Carlos -pudo haberlo hecho la Reina doña Sofía, acompañada de los Príncipes- por causa de su reciente operación, en la cena que ofrecieron a los presidentes de la cumbre de Europa y América Latina. Y todavía mejor y ecuánime estuvo don Felipe en la final de la Copa del Rey en el Nou Camp donde la afición presente tarareó entusiasmada el himno nacional y donde don Felipe, que es colchonero del Atlético, se mostró imparcial y reconoció los méritos del Sevilla, el campeón.

Y no porque los rojiblancos jugaran mal, que jugaron bien, sino porque en la final se unieron dos fuerzas imbatibles: el portero sevillano Palop que, como una diosa de la India, sacó ocho manos para tapar toda la portería y los remates del ataque atlético, y porque en el palco de la final se había instalado uno de los gafes más grandes de España: el ministro Moratinos, que como el caballo de Atila donde pone la pata no crece la hierba. Cuando Marcello vio al pájaro Moratinos en semejante balcón dijo, ¡pobre Atlético! Y el maleficio se cumplió a pesar de los efluvios de “Ángelo”, o contra gafe, que emanaban de don Felipe. Porque lo del ministro español de Exteriores es muy difícil de contrarrestar, basta ver el deterioro de la imagen de España en todo el mundo. Y no hablemos de la falta de respeto que semejante personaje, el tal Moratinos, tiene por el cuerpo diplomático español, porque debemos denunciar la falta de cortesía y de reconocimiento público con la que el ministro ha despedido, en su jubilación de la Carrera Diplomática, a un excelente Embajador de España, Inocencio Arias, Chencho para sus amigos y compañeros que son muchos dentro y fuera de nuestro país.

Desde luego si Moratinos aparece por Suráfrica adiós a la Selección Nacional, que esa alegría de la huerta que es nuestro entrenador Vicente del Bosque, acaba de hacer pública y en la que están puestas tantas esperanzas de los millones de españoles que, de un tiempo a esta parte, no reciben nada más que malas noticias y que sufren en sus carnes, trabajo y familia, la crisis de la economía que el Gobierno es incapaz de atajar y para la que la oposición no tiene recetas ni ganas de ayudar, por mucho que Zapatero presuma ser del Barça y Rajoy del Real Madrid.

Este país está desesperado y sobre ascuas y solo faltaba que nuestra Selección, “La Roja”, caiga en la primera ronda, o en los octavos de final, para que la huelga general que no son capaces de hacer los sindicatos -nunca tuvieron mayor argumento ni mejor ocasión- la monten de manera espontánea contra el Gobierno el pueblo español que está hasta la punta del pelo de la mala situación, y a punto de estallar a la primera chispa de fuego que se escape.

De ahí que Vicente del Bosque y la Selección Roja (y gualda) de España deberían ser objeto de la mayor vigilancia de las Fuerzas de Seguridad y del CNI -que se ponga las pilas la inútil de la Chacón, “traidora” a la Virgen del Carmen en la escuela naval de Marín- porque en ese mundial se está jugando más que un mundial de fútbol: la ilusión de muchos millones de ciudadanos españoles y puede que también la paz social.

De los seleccionados por Del Bosque tenemos algunas dudas sobre la salud de Torres, la puesta a punto de Llorente, la eficacia de Alonso, y la cuenta de resultados de Pepe Reina. Y se echa de menos a Cazorla Güiza, Reyes, Senna y De Egea. Pero allá ese señor tan serio que es nuestro entrenador Del Bosque, sobre cuyas anchas espaldas recae toda la responsabilidad, a sabiendas que heredó de Luis Aragonés un equipo de ensueño que triunfó en Europa y del que se espera mucho en el Mundial. Esperemos que para entonces el Rey, imbatible talismán, esté en buena forma y los pueda acompañar. O el Príncipe, pero sin Moratinos, porque “La Roja” es mucha Selección pero le esperan grandes desafíos que tendrá que superar.