Aznar y el cansino Rajoy

El pobre Paco Camps está más sonado que las maracas de Machín. Vamos, para que le pongan una camisa de fuerza y lo encierren en un sótano de la calle Génova de la capital de España si no quieren los jefes del PP, con el cansino Rajoy a la cabeza, encontrarse con la convocatoria de elecciones anticipadas en Valencia como las que pretende Camps para ver si consigue lavar en las urnas lo que no logra en los tribunales. Porque el tribunal Supremo lo ha vuelto a meter en harina y le ha dicho que lo de sus trajes huele a desagüe del Turia y no al florido azahar de las huertas valencianas, y que lo del cohecho, propio o impropio, es verde y con asas y está relacionado con los contratos públicos que esa Generalitat le firmó a Alvarito “El Bigotes”. El que ayer se paseó por los madriles luciendo incipiente barba y negándose a declarar ante el Tribunal Superior capitalino. “Te quiero un huevo, amiguito del alma”, se decían el tal Pérez y Camps.

Rajoy es como el “cansino histórico” de José Mota pero en plan pontevedrés. Va dejando que todo se pudra a su alrededor, va aburriendo a sus competidores hasta que tiran la toalla, y ellos solitos se van desmoronando sin violencia ni aspamientos, porque los malos modales incomodan mucho a don Mariano y él prefiere esperar, no en vano por eso le llaman “el domador de los tiempos”, lo que es oficio de mas riesgo que el de domador de tigres y leones como los que hacía saltar a través de un aro de fuego Ángel Cristo, en aquel memorable circo donde triunfó como jefe de pista Manuel Martín Ferrand, y que con el tiempo acabó muy mal porque el pobre Cristo -con perdón- pretendió domar a una hiena que se llamaba Bárbara Rey y esta lo crucificó y luego se lo comió.

Rajoy puso en la fresquera a Bárcenas hasta que lo fundió. Dejó cocer a fuego lento a Pizarro en su escaño hasta que el aragonés se cansó. A Cascos lo tiene en cuarentena en Asturias a ver si tira la toalla él solito. A Aguirre y Gallardón les regaló a cada uno por Navidad un puñal para que se hicieran el uno al otro la manicura, etcétera. Y ahora está esperando a que Camps se rinda, tire la toalla y se entregue atado de pies y manos ante el poder judicial del que siempre dice que está muy contento de que lo llamen porque él está deseando declarar. Y luego, el pobre, con esa voz de pitiminí que Dios le ha dado -frente al vozarrón de la Barberá-, acusa a Zapatero y a los socialistas de haberle hecho “un montaje”, por no decir que le han cortado un traje judicial, como aquellos tan baratos, gratis total, que le hacía el sastre José Tomás.

El cansino Rajoy puede con todos, y ha colocado su sillita de anea a la puerta de la Moncloa a ver si pasa el cadáver político de Zapatero y por fin se puede sentar en la presidencia de este país, o de lo que quede de él que no será mucho. Porque dos años más de Zapatero todavía pueden dar para mucho destrozo, aunque ya queda poca porcelana en las vitrinas del Estado y ni un duro en el Banco de España, que es lo que le dijo el ministro del Tesoro laborista al que le sucedió en el gobierno de Cameron: No queda ni una libra, majo. Pero eso al cansino Rajoy le da igual, el quiere tocar poder y lo va a tocar aunque todavía le quedan algunos pocos meses de espera desesperada.

Con el que no puede el cansino de Rajoy es con Aznar. El tío del bigote es de otra pasta y no tiene marcha atrás. Y a ese no hay quien le tosa en el PP, ni tiene paciencia para esperar sino que le canta las cuarenta al más pintado y cuando se pone a hablar con el gesto adusto y la mirada fija y penetrante no hay mosca que se atreva a volar ni a interrumpir su disertación. En realidad Aznar y Rajoy podrían hacer un buen equipo. Aznar como presidente del PP para que no se mueva un gato, hacer los discursos, las tareas y los titulares; y Rajoy como candidato recostado en su chaisse long y fumándose uno de los cohíbas que de vez en cuando le quita a Aznar cuando se da una vuelta por FAES. Ese sí que sería un buen reparto interno del poder en el seno del PP. Aznar al mando del partido y Rajoy al frente de la oposición camino del palacio de la Moncloa, por ausencia del adversario. En la práctica es casi así porque el de Valladolid no se ha ido de la política, ni se piensa ir, y está todo el día dando la matraca y le pisa el terreno al cansino y a toda la dirección del PP con suma facilidad. Pues, en ese caso, mejor que regrese a su sillón de Génova 13 y que se ponga a trabajar, y que le deje al cansino de don Mariano dar unas vueltas por aquí y otras por allá, que eso es lo suyo pero sin grandes esfuerzos no vaya a ser que se pueda herniar. Lo malo de esta oportunidad de montar un tánden con el regreso de Aznar incluido es que si el tío del bigote se sube en el sillón se queda con todo y acabaría por echar a Rajoy. El cansino lo sabe y cuando habla Aznar disimula, y mira para otro lado como si no fuera con él. Que es lo mismo que está haciendo con los disparates de Paco Camps.