El regreso de la peseta y bronca entre ministros

Nos cuentan nuestros espías internacionales que Obama, cuando le llamó a Zapatero, le advirtió que haría pública la conversación para evitar su manipulación por parte del más que indiscreto presidente español, a quien ya conocen demasiado en los ámbitos diplomáticos de Estados Unidos y Europa. Y a no perder de vista el monumental enfado del palacio del Elíseo porque Zapatero ha revelado -ayer lo publicaba el diario gubernamental- que Sarkozy en la última cumbre del “eurogrupo” de la UE amenazó -”dando puñetazos sobre la mesa”- con sacar a Francia del euro si Merkel no daba su apoyo al fondo europeo de rescate de 750.000 millones de euros. En París están furiosos con Zapatero porque ha desvelado que Francia no descarta -como Alemania- salir del euro, cosa sobre la que el gobierno español debería de tener un “plan B” de regreso a la peseta, si es que a la vicepresidenta Salgado, que está agotada y desbordada, le queda un ápice de sentido común y se le ha ocurrido encargar al Banco de España semejante alternativa de emergencia sobre el eventual regreso a la moneda nacional por disparatada que parezca esa posibilidad. Que no lo es tanto a la vista de la velocidad que está adquiriendo la caza del euro por los furtivos y agresivos francotiradores del dólar.

Por su parte, nuestros espías en el palacio de la Moncloa nos han informado de los gritos que se oyeron en la antesala del Consejo de Ministros del viernes entre la vicepresidenta Salgado y el ministro Sebastián, por un lado, y los ministros Blanco y Corbacho, por otro. Los primeros en contra de subir los impuestos para equilibrar el ajuste del gasto social con un apretón a “los ricos”, y los segundos bramando a favor de la fuerte subida de los impuestos de todo tipo (IRPF, patrimonio, IVA, Sicav, etc) y diciendo que estaba en peligro la huelga general, porque los líderes sindicales y sus dirigentes, Méndez y Toxo, se están jugando la cabeza por causa del ajuste social, además de su credibilidad ante la creciente indignación de sus cuadros y de sus bases.

Y así estaban estos cuatro ministros dándose voces los unos a los otros cuando apareció en medio de la tormenta y taciturno el ministro de Justicia, Caamaño, con la suspensión de Garzón bajo el brazo y con la noticia de que el Tribunal Constitucional ha convocado pleno para el próximo miércoles para someter a votación la sexta ponencia sobre el estatuto catalán que esta vez podría contar con el apoyo de seis de los diez magistrados de esta Corte, recortando severamente el estatuto y aparcando de una manera clara y decisiva el término “nación” que el ala progresista del Constitucional pretendió sin éxito colar de rondón para salvar el estatuto. Lo que podría provocar que Montilla y el PSC abrieran una crisis imparable con el PSOE si se confirma esa sentencia.

En la Moncloa están todos de los nervios y el presidente confundido y preso de su incompetencia y rectificación, después de dos años negando la crisis y sin querer recortar el déficit para poner un cortafuego al deterioro económico y al desprestigio de España. En realidad el ruido monclovita comenzó el miércoles cuando, tras su anuncio del hachazo en profundidad del gasto social, los teléfonos de presidencia recibieron numerosas llamadas de personas indignadas que hablaban de la traición de Zapatero a la izquierda y de su procupación por lo ocurrido.

¿Qué pasó en el Consejo de Ministros? Pues que todo se aplazó hasta la próxima semana porque para empezar este gobierno ha anunciado unas medidas de ajuste social sin evaluar su incidencia presupuestaria y sin saber qué hacer con los impuestos, ante el temor de una fuga de capitales extranjeros y españoles de nuestra bolsa, Sicav, y patrimonios familiares y empresariales hacia otros países de la Unión Europea, como Alemania, aprovechando la libre circulación de los capitales en el ámbito de la UE

El colmo del disparate, que da idea del caos imperante en el gobierno se verá si se confirma la posible aparición del ministro de Fomento, José Blanco, en el programa de telebasura de Telecinco “La Noria” para explicar, rodeado de sus habituales bronquistas de actualidad, o de la Belén Esteban, Kiko Matamoros y otros “intelectuales” del mismo nivel que suelen acudir a esas citas, el ajuste de gasto social del Gobierno. Lo de Pepiño tirando de ”La Noria”, si no lo para nadie  y lo traslada a TVE, puede ser la puntilla y la prueba del principio del fin de la era Zapatero, “como no podía ser de otra manera”, como le gusta decir al presidente. El que debería encargar a Sonsoles que empiece a hacer las maletas porque puede que pronto se vea obligado a escapar de esa “sartén hirviendo” que es la política nacional.

Lo que no estaría nada mal que hiciera Zapatero, siguiendo los pasos de Brown -al que ZP no le llega a las suelas de los mocasines- si no quiere que su salida de la Moncloa sea todavía mas traumática que la de Aznar en 2004 y mas sonada de lo que se se ve venir, gracias a sus propios méritos. Y no a los de la oposición que siguen haciendo el canelo con los trajes valencianos de Paco Camps, mientras la gorda insolente de Rita Barberá le baila el agua con su habitual traje colorado y sus estridentes gestos y alaridos ante la extraña sonrisa de Federico Trillo. Un color el rojo Barberá que está venido a menos en Moncloa y que debería de adornar las mejillas de Rajoy y Camps, si es que en el PP aún les queda un atisbo de verguenza torera y española en medio de este esperpento que inunda la escena nacional.