La conservación sostenible 1

Permafrost melting in Svalbard, Norway. |

La gente sabe que conservación y sostenibilidad es el binomio que la postmodernidad de nuestra cultura cinegética y la creciente y necesaria preocupación por la salud de nuestros ecosistemas se nos presenta como la gran ecuación a resolver. Esa resolución tiene que llegar desde la reflexión, el aprendizaje, la experiencia y el espíritu científico, objetivo, repetible. Es necesaria una mirada abierta y desprejuiciada para que el ecosistema no termine por ahogarse en predicaciones políticas o prácticas partidistas, cuando no de ignorancia aplicada. Hay que esforzarse en el análisis práctico y entender la precariedad de la mirada interesada o desconocedora. Si las administraciones públicas no avanzan en entender la globalidad de las interacciones dentro del ecosistema, estamos nosotros, los seres humanos para intentar pensar por ellos.

Hace unos días, el periódico The Guardian explicaba como el deshielo del permafrost, esa capa de suelo permanentemente congelado típico de las regiones preglaciares y de la tundra siberiana, inherente al cambio climático, está sacando a la superficie ingentes cantidades de restos de ejemplares de mamuts congelados desde que desaparecieron, entre 14.000 y 10.000 años atrás. Los científicos están de acuerdo que su desaparición no fue el resultado de su caza abusiva sino, como siempre, un drástico cambio climático que liquidó su hábitat. Aquella extinción y esta reaparición solo vienen a mostrarnos cuan frágiles son los ecosistemas que nos acogen y como su extinción nos pone sobre aviso. Detrás de ellos podemos ir todos los demás.

En numerosos ríos españoles hay una plaga de mosca negra que provoca una gran cantidad de atenciones hospitalarias a causa de la mordedura de sus mandíbulas serradas, simplemente, porque los ríos han ganado algo de salud por las depuradoras pero no lo suficiente para que insectos, batracios, peces, etc. puedan poblar sus aguas y comérselas. Así, muchos al hospital. La cadena biológica se rompe y todos a pagar. José Peñuelas, ecólogo del CSIC hablando sobre el tema y particularmente de la alteración de los sistemas, aseguraba “Depurar las aguas provoca cambios en la flora y la fauna de los ríos… el nitrógeno en fijadores, fertilizantes y gases por combustión, son tres entradas enormes. Mucho más de lo que la Biosfera ha hecho en su vida de forma natural”

Dice el saber popular que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, pero en realidad habría que decir que el hombre es el único animal que tropieza sin cesar, en la misma y en cualquier piedra que pueda procurarse. Después de milenios de intervención catastrófica en el ecosistema, comienza, tarde, como siempre, a percatarse de algo tan elemental como que es parte del sistema y que de su salud, depende la suya. Nada ha conseguido desarrollar en ningún campo científico o tecnológico que consiga independizarle del medio. Ningún algoritmo ha conseguido sustituir a la respiración, el foco de infecciones más inmediato que el ser humano aún mantiene desde los antiguos australopitecus y al igual que ellos, se suena los mocos o detecta un alimento en mal estado, goza de la piel de su amor o aspira el aire envenenado de Chernóbil. El hombre ha conseguido desarrollar millones de maravillas, pero sigue siendo un animal débil y dependiente de su entorno.

No valen los victimismos o la búsqueda de culpables. Se trata de poner manos a la obra, como se dice, que no es otra cosa, que pensar. Para entender las relaciones entre los elementos que nos acogen y rodean, acudiremos primero a la Teoría General de Sistemas que aún considerándose demasiado abstracta y conceptual, es de gran aplicabilidad a nuestro objetivo, porque no deja de ser una teoría general comprensible que mira a lo lejos.

Continuará…

Los robles sienten vergüenza de sus edad, por eso enrojecen. Noviembre