España se desborda

La gente sabe lo que se juega cada vez que acude a votar en unas elecciones generales, autonómicas o locales, da igual. Se juega el futuro. Y el futuro cambia constantemente. Cada vez que se convocan elecciones, cambian las condiciones y nada de lo que los sondeos puedan aventurar, termina siendo tal cual. Son infinitas las situaciones que se suceden en la sociedad civil ante las urnas y el pasado nos avisa, de qué manera las cosas pueden darse la vuelta y cómo las previsiones se desmienten.

El Estado ha votado por tercera vez en este año y de nuevo las sensaciones son nuevas. Desde hoy lunes, los analistas, sociólogos, politólogos, políticos y gentes de toda condición, mezclarán el café con churros o tostada con aceite con las últimas conclusiones sobre el resultado de ayer. Y para opiniones hay colores, aunque las cifras, siempre son rotundas y como ya se sabe que las matemáticas no engañan, la ecuación está decidida. La interpretación será plural.

Lo que sabemos son algunas sensaciones que nos quedan de la general, y la principal es que el país se ha desbordado. Los sentimientos periféricos se han revelado trascendentales y las fuerzas centrípetas han aflojado y alguna se ha hundido con todo el equipo. Los políticos siguen creyendo inocentemente que la sociedad civil no tiene ni memoria ni criterio, y así les va.

Ciudadanos se vació de críticos con Rivera y se ha terminado hundiendo estrepitosamente. Todos los que se quedaron nadan en busca de un flotador y los que abandonaron el barco, tampoco saben dónde meterse. La dinámica que se había instalado sobre el aprecio a las nuevas formaciones se revela insuficiente causa para que el centro político se quede anoréxico. Teniendo cuatro vicepresidentes en gobiernos autonómicos se han hundido igualmente.

Vox se instala por encima de las previsiones porque siempre que la democracia flaquea saca rédito el populismo y cuanto más barato, más premio. Se aúpan a la tercera posición de la jerarquía política con la sola intención de torpedear el sistema en el que no creen, nunca han creído y nunca creerán. Ya anuncian el torpedeo de leyes y consensos.

El PSOE creyó en los augures paniaguados que le aseguraron seguir siendo la más guapa y la mejor vestida, pero perder, aunque sean tres escaños, es perder por mucho, porque no es lo que esperaban. Como primera fuerza política van a capitalizar las conversaciones imposibles. Su única propuesta es: déjenme gobernar. Como si gobernar solo fuera un asunto suyo.

El PP ha ganado 22 escaños desde abril pero su discurso sigue estando en el mismo sitio y, si cabe, más precavido viendo las orejas del lobo de Vox en el horizonte. El asunto sigue estando donde estaba: la gobernabilidad. Puede buscarse un pacto de investidura, un pacto de legislatura o una coalición entre contrarios irreconciliables. No se puede en serio creer que puede haber una entente entre PP y PSOE a la manera alemana. Ya se sabe las consecuencias que tuvo para ambas formaciones allí, pero no parece plausible un pacto entre cualquiera de los grandes partidos y el conglomerado periférico nacionalista. Es difícil pensar en que te sustentará quien piensa en derribarte.

¿Quién ha salido de verdad más vencedor? Sin duda la sociedad civil que desde 1978 sigue buscando quién se preocupe por ella. Otra vez ha estado a la altura que sus políticos no alcanzan y ha logrado reflejar su pluralidad en las diecisiete formaciones políticas que acudirán a tomar posesión de sus asientos en el nuevo parlamento. Da pena, una sociedad tan rica y una política tan pobre.

“Hay noches interminables que no claudican. Se agotan. Noviembre