La lengua propia

La gente sabe lo muchísimo que se ha escrito sobre la lengua. Ayer mismo, el gran Noam Chomsky recibió en su casa de manos del presidente del BBVA el premio que no pudo recoger en Madrid debido a su avanzada edad. Chomsky que se ha pasado la vida investigando sobre el lenguaje, ya saben que mantiene la tesis de que todos los seres humanos llegamos al mundo con una especie de pre instalación que nos permite reconocer los símbolos de la comunicación y aprender un lenguaje, en definitiva lo que nos acerca e instala entre los demás, lo que nos hace humanos. El lenguaje nos hizo humanos porque nos hizo sociales y el hombre solo, no hubiera podido llegar ni a la vuelta de la esquina. La naturaleza social del hombre es el puente de marfil que todas las culturas desarrollaron para construir su identidad. Es a través del instrumento comunicativo que nos construimos a nosotros mismos al trascender la individualidad y el conocimiento experiencial por el conocimiento vicarial. El lenguaje permite que “el otro” pueda transmitirnos lo que conoce y nosotros lo aprendamos sin necesidad de experimentarlo. A través del lenguaje, los pueblos, como decíamos han construido su identidad y por eso, nosotros somos herederos de todos los que nos precedieron en el uso del lenguaje, egipcios, griegos, chinos, uigures o euskaldunes. Con ello, hemos construido un nuevo conocimiento diferencial deudor de todos. Este nuevo lenguaje que contiene y utiliza términos “impropios” de otras lenguas, enriquece al individuo y desarrolla la lengua propia, proporcionando nuevos horizontes descubiertos en las experiencias ajenas. Esta aparente contradicción es la propia naturaleza del lenguaje.

Los investigadores paleo antropológicos no cesan de insistir en que el estudio de los restos de nuestros ancestros sólo proporcionan o mejor dicho, principalmente, proporcionan información sobre los cuerpos de las personas que estudian y solo apenas en los más recientes y a través de los objetos funerarios que se descubren con ellos, se llega a inferir algunos aspectos culturales, pero la mayor parte de estos son elucubraciones, cada vez mejor fundadas, pero elucubraciones al fin y al cabo. Por eso, Juan Luis Arsuaga, ese mago de la divulgación científica me contaba con una pasión desaforada la vez que encontraron un diminuto hueso del oído de un homo antecessor en Atapuerca. Habían encontrado la llave para abrir la puerta al otro lado.

Los escritos legados por las culturas que desarrollaron lenguas complejas nos dan una idea mucho más certera del pensamiento, las creencias y vigencias de ésas culturas nos hemos valido para experienciar las nuestras, porque hasta las mas aisladas y recónditas terminan siendo universales, es decir puestas a disposición de los demás.

Todo esto viene a cuento, de nuevo, del problema español catalán. Es a través de la lengua que las posiciones independentistas fueron forjando su actual estatus social, la enseñanza y uso del catalán fueron la base de la concienciación de la identidad catalana como algo propio y diferencial y por lo tanto susceptible de independizarse del resto. Pero la lengua catalana, siendo propia de Cataluña, no le pertenece a los catalanes en exclusiva, ni siquiera a valencianos y baleares. Es un tesoro universal que pertenece a la humanidad en pleno, es reduccionista considerarla con ese sentido provinciano y retrogrado que vemos usar a diario en el discurso independentista. Es cierto que en ella se refleja la identidad catalana como base de su realidad, pero la función principal de una lengua solo puede ser universal. Claro que para ello hay que creer en ello.

“Todas las marcas en la piedra dibujan el rostro de Tehut. Noviembre