Todo al costo por cierre (I)

Argentina, de nuevo, en el diván

La gente sabe que cuando encuentra oportunidades es porque vienen de desastres de otros. Se dice que nunca hay que vender cuando se necesita sino cuando te lo proponen sin necesitarlo, por tanto, cuando alguien o algo comienza a anunciar una liquidación por cierre, eso reclama a la gente que busca la oportunidad es decir la ventaja. La búsqueda del provecho personal en la necesidad perentoria del otro. A veces, sin embargo, la fórmula se usa torticeramente para lograr vender con anuncio falso lo que de manera convencional no se vende. De ahí tantas sospechas sobre las rebajas que anuncias los grandes almacenes. En cualquier caso se trata de la relación entre necesidad y especulación.

El asunto me lo trae a estas líneas las letras marcadas con pintura blanca en un gran escaparate de Buenos Aires anunciando el título de esta sección. Y como siempre pasa con la muestra y el botón, anuncia la sensación general que se instala en toda La Argentina. Liquidar cuanto antes para cerrar y a otra cosa mariposa.

Se han escrito tantas reflexiones sobre esto que se repite una y otra vez, y parece que inexorablemente, en Argentina, y me da un algo de vergüenza ajena entrar al asunto, por obvio. Lo que sucede es que me interesa tantísimo lo que sucede en ese país que no puedo inhibirme y dejar que otros lo escriban. Yo también necesito hacerlo.

Vuelve a suceder que, de nuevo, la desgracia inevitable se ceba en ese Paraíso del que nos parece inconcebible que no desprenda sino abundancia, felicidad y grandeza. La realidad es que desde marzo de 2018 el dólar, el Dios US DOLLAR, ha pasado a este Agosto de 17 a 60 pesos, al cambio oficial, no especulemos sobre lo que se puede pagar en la calle, naturalmente, la inflación supera el 60% y una de cada cinco familias, en ese país, sufre deficiencias alimentarias. Allí, donde comerse una vaca no era delito siempre que se dejara el cuero.

La pregunta no es como hemos llegado hasta aquí, la pregunta es como no somos capaces de no llegar hasta aquí renuentemente, cada crisis.

Los sociólogos siempre tendemos a intentar prever los movimientos sociales, para lo que repasamos sin cesar los comportamientos sociales y aprender de ellos. Se ha dicho que La Argentina produce de noche lo que los argentinos dilapidan de día, en un retrato maloliente, disparatado y falaz de una sociedad civil avanzada, muy culta en sus élites y solidaria, que no parece sino empeñarse en destruir su propio país, como si toda la sociedad civil argentina necesitara ir al terapeuta para ordenar su afán auto destructivo, suicida. Roberto Fontanarosa dijo aquello tan lapidario: “No somos un país subdesarrollado, pero lo seremos”. Argentina espera negociar una deuda de 101.000 millones de euros y no logra colocar deuda a tipos de interés del 70%. (En España la deuda a 10 años tiene un interés del 0,03%. Hace siete años, rozaba el 7%)

No hay quien quiera comprar deuda o prestarle dinero a un país con una riqueza natural ingente y una sociedad civil desarrolladísima, bien es verdad que con un porcentaje de exportación de talento muy por encima de muchos países.

La gente se levanta por la mañana con la pregunta de rigor en la boca: ¿A como cerró? Se refiere al precio del dólar y esa referencia marca la pauta a seguir. Comprar dólares es la principal preocupación. ¿Para qué? Para tenerlos, no para guardarlos. Asegurar que en el momento que surja, podamos salir del país con algunos fondos que nos aseguren un tiempo de franquicia en el exilio. Porque no se trata de guardarlo en el colchón. Son la llave de la puerta de salida.

La poesía sigue siendo un festín de augures inconscientes. Septiembre