Oráculo

Si no me lo preguntan, lo sé, si me lo preguntan, no lo sé

San Agustín

 

La gente sabe y sabe en cantidad, pero siempre quiere mas, ya lo decía Julio Iglesias ‘El Zorro’ en la radio de los 50 y sin haber hecho una carrera. La gente quiere saber más porque, y perdón por el galimatías, sabe que lo que sabe, desde ese mismo momento que lo sabe, ya lo saben otros y le valdrá para poco. La gente necesita la ventaja del conocimiento, no su esencia, sino su oportunidad. Saber mas significa en general saber antes y tomar ventaja con ello. La ventaja puede servir para valorar el pasado, pero sobre todo vale para anticipar el futuro que es de lo que en realidad se trata. Saber con antelación y cierta seguridad que puede llegar a acontecer, probablemente sin un porcentaje mayoritario que asegure la acción pero con los mimbres necesarios para componer una estrategia de razonable éxito. Por eso la humanidad ha estado siempre tan pendiente de la mántica, es decir, la adivinación.

Todas las culturas antiguas conocidas han prestado una importancia a esa adivinación que consideraban de carácter y origen divino, por eso se designaba a las personas mas importantes para ello y se las consideraba de un mundo superior. Probablemente, nada que pudiera tener mediana importancia se acometía sin haber acudido al oráculo, fuera este del tipo que fuera. Y nada de lo que después de esa implicación se pudiera hacer estaba fuera de sus resultados. La historia nos relata millones de anécdotas al respecto y los ejemplos diversos son también enormes. Famosos oráculos como el de Delfos ocupan un lugar preminente en la historia del simbolismo mágico blanco, pero no solo. Los sacrificios humanos y de animales para interpretar sus vísceras (comúnmente cinco: vejiga, corazón, hígado, pulmones y peritoneo) eran imprescindibles a la hora de establecer un augurio cierto, prácticamente en todo el mundo conocido, pero es verdad que aquellas interpretaciones, llevadas a cabo por los sacerdotes o chamanes designados para ello, hundían sus raíces en la simbología cosmogónica y las creencias mas atávicas y además, eran manipuladas muchas veces como nos cuenta la historia. No digamos nada de las artes adivinatorias de los símbolos, como el Tarot con sus oráculos de la Energía, de la Sabiduría, de los Artesanos, de los Ángeles, etc. O el célebre Arte de Prudencia, de Baltasar Gracián, y la colección de aforismos necesarios para ser aplicados.

En realidad un oráculo es una respuesta espiritual recibida por personas con sabiduría según dice el diccionario. Pues bien. Necesitamos un oráculo certero. Y esto lo dice un Chaman moderno, sociólogo. ¿Cuánto daríamos por tener una foto fija del resultado de las próximas elecciones? porque de eso se trata, de temer una nuevas elecciones. Si los augures postmodernos tuviéramos una teoría certera de la lectura de las vísceras de la sociedad civil española y supiéramos interpretarlas, que no es poco, la gente sabría mas de lo que sabe y podría establecer su estrategia electoral futura.

Lo dicho. Al partido que no le tiemblen las piernas ante la ignorancia de lo que pueda suceder en esa repetición electoral, es que se ha dormido o ha visto demasiada televisión. Esta sociedad civil nuestra, se defiende como puede de los estudios de opinión y miente con una bellaquía asombrosa, por eso nadie sabe nada. Ni la estadística con su mar de datos nos ayuda en este caso, porque nunca antes había pasado, así es que a lo dicho, como hacían los antiguos, interpretemos el color de las vísceras que nos dejen ver y si alguien nos pregunta, aconsejémosle que se divierta mientras pueda. Porque luego, nada saldrá como espera.

Si todo fuera como parece no harían falta los espejos. Agosto