Al márgen

Nos han dicho que el margen está en la marca.

Y creemos en ello como un catecismo revelado.

La cosa está en que, si se gana el margen, nos tendremos que quedar para ocuparlo,

y entonces volverá a ser nosotros/lo nuestro Y nos habremos quedado sin margen.

 

La gente sabe lo que es estar al margen. Cada quisque lo ha podido experimentar en sus carnes. No es posible haber vivido un para de docenas de años sin que en algún instante no se haya visto uno al lado de lo que pasaba, sentado en la cuneta, por decisión propia o ajena. Y sabe también, que cuando eso ocurre es el principio del abandono. En cuanto no nos cuentan lo que pasa y nos enteramos por otros de lo que deberíamos haber sabido nosotros, es el comienzo del desprecio, ya sea personal, laboral, o simplemente íntimo.

La vida humana no es sino estar al tanto de la vida. Lo que sucede a nuestro alrededor. De esa forma, la gente toma nota y se prepara para aquello que pueda provenir de esa situación y que termine (o empiece) por afectarle. Esa imagen tan cursi del río de la vida, como tantas cursilerías es pura ciencia social. En ese río que nos lleva nos afanamos en mantenernos a flote que no es otra cosa que seguir acompañando el devenir de las aguas, manteniendo la voluntad de seguir nadando o acudir a la orilla. El nadador aquel del film The swimmer (1968) basado en un cuento de John Cheever, dirigido por Frank Perry y terminado por el gran Sidney Pollack, con el enorme Burt Lancaster en el que el protagonista nada de piscina en psicina como un río que le lleve a su casa, finalmente abandonada, es en esa ficción uno mas en el agua que nos mantiene en marcha.

Pero sería una entelequia creer que solo en el agua, dentro del río, conectado con la vida que sucede, funcionan las cosas. Si así fuera, tres cuartas partes de la humanidad habría muerto de inanición, y no estaríamos en el primer mundo hablando de pobreza sino de miseria. Las cosas funcionan aunque estén al margen del mundo y por increíble que parezca, la mayor parte del mundo no sabe lo que es un río. Imagínense.

No, las cosas, los ríos y las Naciones pueden manejarse al margen de lo que debería de llevarles al río de su vida. Este país, sin ir mas lejos, vive al margen de su política. Hace años que se detecta un enorme conjunto de ciudadanos que siguen tirando de su carro cada día ellos solitos. Los datos económicos, sociales y de desarrollo desmienten la realidad tozuda de un país sin gobierno firme desde hace demasiado tiempo. Se supone que no debería ser así, que la desconfianza consecuente de un país sin gobierno debería retraer la inversión extranjera y adelgazar los datos del crecimiento, pero según todos los organismos competentes internacionales, terminaremos creciendo por encima de la media europea, mas que Francia, Alemania, y no digamos Italia, donde si parece que su caso bastante parecido, influye negativamente, ese país habituado a vivir al margen de todo, no sólo de la política.

El país sigue nadando a favor de corriente solucionando por la vía social lo que la vía política no desatasca y da la sensación, no se si placentera, que a lo mejor se manejan las cosas mejor sin gobernanza. Y el asunto es peliagudo, porque si somos capaces de situarnos a su margen, la sensación subsiguiente es que no influye para nada. Razón que pueden esgrimir quienes no creen en el sistema. Y eso es peor. Mucho peor. Eso, al margen.

Todo lo que pasa puede no suceder. Agosto