No hay nada que hablar

La gente sabe que el que un partido político pacte con otro para acceder al órgano de poder que sus votos no le permiten, no significa que compartan programa, ni mucho menos objetivos políticos, los sociólogos, además, medimos la distancia que existe entre el sistema político y el electoral. Dos mundos en los que los valores y las normas están secuestrados por los intereses. Por eso, la gente no presta demasiada atención ni le concede demasiada importancia a los datos de esas alianzas, que las mas de las veces no pasan de coyundas malignas, donde los que se sientan a ambos lados de la mesa llegan con las condiciones escritas, de manera que no es fácil que de esas reuniones salgan asuntos diferentes de los que no se han pactado por teléfono o por intermediarios. Sentar en la mesa a los adversarios después de haber sido derrotados por ellos o haberlos humillado en las urnas no es sencillo. La dinámica electoral impone su librillo que incorpora una estrategia de descalificaciones e insultos que esperan ser verbalizados en los momentos oportunos. Las camarillas de estrategas electorales sitúan y preparan sus acciones desde ese espíritu de confrontación. Y es lógico. Mientras dure la campaña electoral, cualquiera sabe que es mas productivo y menos oneroso buscar los puntos flacos del oponente y meter el dedo por ahí que buscar lo positivo de uno, que casi nadie se cree. Cuanto peor sea visto el contrincante mejor será visto uno.

Es verdad que lo primero que se busca tras los resultados es la mejor manera de conseguir la mayoría precisa para formar gobierno. Muchas gentes se escandalizan con que termine formándolo la fuerza menos votada, lo que puede parecer un juego macabro, pero la resultante en política es mucho mas determinante que la tendencia. Así, en general, los partidos buscan sentarse con aquellos con los que a priori, comparten mas elementos, pero las mas de las veces se tienen que sentar con el que menos apetece, tapándose la nariz. Eso es lo que está sucediendo entre PP, CS y VOX.

Es muy difícil sentarse a negociar con quien no tienes nada que hablar. Recuerdo, por ejemplo, los intentos de negociación del PSOE y PP con ETA. Nunca lograron pasar de los buenos días y el ¿café? Se decía entonces que todo podía hablarse. Mantra que se sigue repitiendo con la misma desfachatez, pues se sabe que es mentira, que hay cosas que no se pueden hablar, por discutir. Es más, hay cosas que no se pueden escuchar, aunque no estén en las propuestas.

VOX está rompiendo sus pre acuerdos políticos con quien se supone que está mas cerca de ellos. Muchos de los militantes de esa formación vienen de las catacumbas del PP, donde aguantaban tapándose la nariz y conspirando en el bar del café. Pero ni así. Los derechitas no se arreglan con los derechones. La brecha democrática se está revelando infranqueable. Los populares se juegan mucho en estos días. Al fin y al cabo, los resultados electorales les han sorprendido para bien y la fuga a izquierdas hacia los de Rivera, que se barruntaba catastrófica, ha sido menos y saben, porque llevan muchos años ya en esto, que salirse de los principios constitucionales les puede llevar a la ruina.

Mas ostentóreo, como diría Jesús Gil es el caso de CS. Si los peperos tienen barreras con los facciosos, no digamos estos. Rivera hace los esfuerzos que puede hacia la derecha, aún a pesar de sus propios correligionarios, para no tener que salir en la foto de Sánchez que le revuelve las tripas, y lo entiendo, pero por mucho que se escora, hay cosas que definitivamente no se pueden plantear en una mesa de negociación política en el siglo XXI. La UE va a multar a España, por ejemplo, por el trato a los menores migrantes y los de la banderita quieren que se reduzcan esas ayudas.

La única posibilidad que los de VOX tiene para intentar consolidarse es alcanzar algún tipo de poder relevante, que les de visibilidad. Saben que si no consiguen hacer nada de lo que les han prometido a sus flechas, se vendrán abajo y por eso están topando, menos mal, con Estado de Derecho. Con ellos, no hay nada que hablar.

Las temperaturas, de rodillas, acusan al hombre, que ni las mira. Julio