Ganarás pero no gobernarás

La gente sabe de política. Y lo sabe, porque al igual que Juan Luis Arsuaga asegura conocer la preinstalación comunicativa genética del ser humano desde los homo antecesor hasta nosotros mismos, parece que el hombre que nunca ha votado, la primera vez que vota, libremente, desde luego, lo hace como si lo hubiera hecho toda la vida y aplica criterios que revisados por los politólogos pasados 42 años de aquellas primeras elecciones generales de 1977 en España, en las que tras 39 años de dictadura y aún sumidos en el mantra de que los españoles nos mataríamos unos a otros como al parecer hicimos en la Guerra incivil del 36-39 en cuanto desapareciera el Caudillo, la gente votó sin un solo herido ni altercado relevante en todo el territorio nacional, como si aquella España, de pronto y en un instante se hubiera convertido en Dinamarca.

La gente sabe de política, por eso no cae en las trampas que los profesionales del ramo le tienden, dando a entender que solo ellos son o serán capaces de gobernar con solvencia, por eso el ciudadano, una vez que ha depositado su voto, vuelve a casa sin nada mas que hacer, aparentemente, pero sabe que no es preciso militar en ninguna formación para personarse relevantemente en la cartografía post electoral.

La gente sabe de política, porque sabe interpretar las señales que el barrio manda, las opiniones y la propaganda. Sabe que su voto es decisivo pero que puede no ser definitivo. Sabe que este país siempre fue muy complejo y conoce como el enorme progreso general que le ha traído desde aquellos días grises de finales de los 60 hasta hoy ha logrado muchas cosas pero no ha podido desentrañar esa complejidad y como consecuencia de ella, ese mapa que se dibuja tras las elecciones no es ni puede ser sencillo. Es un mapa interesado en el que las opciones se van diversificando a la par de la complejidad social y que las rutas a trazar pueden ser tan variadas como naturales o no. La España bipolar se ha jubilado y cada vez menos sale a votar. Se queda en casa con la manta sobre las rodillas vigilada por la cuidadora ante la pantalla de la tele. Y la España que ve tiene un rostro mas indescifrable.

La gente sabe de política porque desde aquel 1977 ha visto llegar infinidad de formaciones políticas decididas a quedarse en un papel protagonista y las ha visto diluirse como azucarillo hasta desaparecer. Igual que ahora ve llegar a nuevas formas políticas que añadirán colores inéditos en el Parlamento y que hasta ahora estaban debajo de la mesa. Y como consecuencia, ve la dificultad que entraña componer mayorías que permitan gobernar en todos los niveles del Estado. Y sabe que las coaliciones necesarias serán buenas porque sentarán en la mesa a gentes que no quieren sentarse a negociar y que detestan a los que están sentados al otro lado y sabe que será peligroso el asunto porque en cada negociación palpita alguna rendición, por eso sabe que la llave no siempre está guardada en las grandes cajas fuertes y que puede estar debajo de un pequeño colchón que querrá saber que hay de lo suyo.

La gente sabe de política porque no se cree ese impostado argumento de que quien gana debe gobernar, sino que sabe que gobernará quien pueda hacerlo, quien consiga las apoyaturas para elevarse sobre los demás. La gente sabe que los números tienen sus espaldas, por eso, por ejemplo, duda que pueda ser Alcalde de Barcelona el converso Ernest Maragall que representa al bloque independentista que en total no ha llegado al 32% de los sufragios frente a casi el 58% de los constitucionalistas, aunque haya sacado unos 5000 votos mas que su principal oponente, si es que a eso se le llama ganar.

La gente sabe de política, por eso espera no palmar en el empeño y que los que manejan el sirle muevan bien los cubiletes. Para eso es preciso como sabe cualquiera que le hayan timaao con eso, que hay que estar muy atento, al loro, como decía el nunca bien ponderado viejo Profesor.

Las islas se saben todas las soledades de memoria. Junio