La gente y el territorio 1. Madrid 2

¡Este placer de alejarse! Londres, Madrid, Ponferrada, tan lindos……para marcharse.

Antonio Machado. El tren

La gente sabe que Madrid no aporta conciencia territorial. Fuera del cuento pintoresco de Pichis y Majas residuos kich de zarzuelas chulaponas, nadie se siente distinto por ser de Madrid o vivir en ella. Diría que incluso, nadie se siente especialmente orgulloso de ser de Madrid o vivir aquí. Madrid es una ciudad abierta y desacomplejada, probablemente por ese origen humilde de poblachón manchego. Nunca se creyó por encima de nadie o nada y por eso cuando los políticos, como en estos días, se tienen que referir a los madrileños, no tienen ni pajolera idea de a quién se refieren, no se ven, no se sienten y puede que ni existan. Solo en algunos pasajes de su reciente historia como bajo el mandato del viejo Profesor Tierno Galván salió a la luz alguna seña identificativa, pero fue mas bien una construcción romántica de la movida como un fórceps inútil, porque no salió.

Madrid heredó la condición de Capital del Imperio, de Toledo, pero ni aún con eso, heredó esa conciencia toledana que aún existe hoy en día de orgullo y condición de lo toledano y han pasado cinco siglos. Mi madre, nacida en Toledo y desde los 8 años vecina de Madrid, nos arrastraba a toda la familia varias veces al año hasta su casco histórico. Lo necesitaba. Yo, no he visto a nadie volverse ni siquiera a mirar lo que los turistas, cada vez más numerosos fotografían en Madrid con tanto afán.

Esta condición descrita de la Capital, contrasta con su trascendencia objetiva. Aquí está el Gobierno del Estado, la residencia del Jefe de Estado, las Instituciones Democráticas, el Banco de España, la mayor y mas importante pinacoteca del mundo, etc. Etc. Y sin embargo nadie se mira ni considera ser en parte nada de eso, son cosas que están ahí y basta.

Ahora bien, lo que pase en Madrid, todos sabemos que trasciende al resto del país y comienza a parecerse en algunos aspectos a las ciudades históricas invadidas por las hordas turísticas que además de dejarse la pasta en los alrededores de la Plaza Mayor y aledaños, han forzado ni mas ni menos que a revisar y corregir la Gran Vía que a pesar de su nombre no pasa de ser una calle más en cualquier ciudad española. Madrid, dicen acoge a los forasteros como ninguna otra ciudad y es lógico, todos lo somos aquí.

El 26 de este mes los que estamos empadronados en Madrid, tendremos que salir a votar de nuevo y siempre se dice que el voto en las elecciones locales es distinto de la generales, porque se vota la proximidad. Y no me lo parece. Otra más de las contradicciones. Madrid y su cinturón de ciudades que la rodean y desahogan es demasiado grande para pensar que sus habitantes elegirán a uno de los suyos. Puede que en otras ciudades. En Madrid, no.

Madrid tiene problemas de medida de País. Y las soluciones no podrán ser diferentes de las se pudieran tomar para el resto del Estado. La gerontificación, el reto digital, la movilidad, los servicios, las infraestructuras, la delincuencia, la gestión medioambiental, la sanidad, la educación, etc. Generan cifras desorbitantes que no se pueden gestionar con mentalidad municipal, precisan miras mas globales, mas de País.

Por último ese carácter federal la hace muchísimo mas compleja que cualquier otra aunque se aproxime en tamaño. Madrid es una ciudad cosmopolita con una sociedad plural y compleja, tanto como para que no se pueda hablar de política madrileña sin caer, otra vez, en casticismos obsoletos. Necesitamos políticas de Estado.