La clave

La gente sabe que la memoria guarda las cosas por si vuelven a repetirse. Sabe que todo en esta vida es cíclico y vuelve y vuelve sin parar aunque se vista de otra cosa, aunque parezca diferente, incluso aunque lo sea, la vida guarda tanta vida que toda la futura cabe en la que ha sido. A veces, incluso, tenemos la sensación de dejá vu en asuntos que sabemos a ciencia cierta que no han sucedido nunca antes, pero nos lo parece.

Los debates de estos dos días si bien han sido sorprendentemente distintos, me han recordado la duda sobre la utilidad de los mismos. No me refiero a que no sea útil ver como los líderes de las principales formaciones políticas se expresan frente a sus adversarios electorales, esto siempre es provechoso, por eso precisamente hemos echado en falta la presencia de VOX, ya que la impresión es que cuanto mas se expresa mas entorpece la voluntad de voto de aquellos que dudan por ellos. Si se hubiera expresado en pantalla ante los demás, quizá hubiéramos calculado mejor su estatura política. Es útil que la gente se exprese, siempre que sea capaz de expresarse, no repetirse hasta la saciedad enfangados en estrategias comunicológicas diseñadas por sus gurús de campaña que delatan el corsé en el que están asfixiados.

Una vez me llamó José Luís Balbín para que fuera al debate del famoso programa de TVE La Clave y yo decliné su invitación arguyendo no poder ser arte y parte, pues se iba a proyectar una película que había protagonizado. Balbín me dijo: “Si crees que en la clave hablamos de cine, estás equivocado”. Por eso me lo ha recordado, en realidad han hablado de otras cosas.

Comienza el debate y da la sensación que empieza de verdad la campaña electoral, que lo anterior vale poco. El objetivo debería ser el poder, pero el blanco de todos es la cuota de pantalla, por eso solo están atentos al fallo. Saben que hay, según los datos últimos publicados, 6.500.000 votantes que decidirán el voto en las últimas 48 horas y de ellos 2.000.000 lo decidirán el mismo día y nosotros pensamos: ¿Y cuantos llegarán al colegio electoral con la duda fresca? Las encuestas solo proponen tomar nota estadística de las intenciones expresadas, en la que puede que muchos de estos no hayan aparecido ante el entrevistador.

En los debates, todos los representantes han pedido explicar sus palabras, o sea que no habían dicho lo que habían dicho. Todas las formaciones políticas que concurren a estas elecciones son constitucionales, pero algunas de ellas no son constitucionalistas, a pesar de ello se interrogan sobre los posibles pactos post electorales poniendo el carro por delante del burro y aunque repiten eso de: “Aunque también es cierto que…” Todos mienten. Como en el cine.

El debate asfixia en las réplicas y en su propio tono, aunque luego deshagan el camino de la alfombra roja como cuatro pistoleros del far west.

En La Clave, cuando terminaba el debate te entraban ganas de volver a ver la peli, porque habías descubierto, con seguridad, aspectos de la misma que se te habían pasado por alto. Siempre pasa, el artificio cinematográfico es tan potente que solo quedas tu y la historia, pero te preguntabas si no se hubiera tenido que alterar el orden entre proyección y debate. El problema es que aquí, la peli la echan una sola vez y si no estás atento, te la pierdes. En la clave, según se desarrollaba el debate, la complejidad se abría paso, coloreando el B/N. Aquí es al contrario, la simplificación minimiza la estatura de las ideas previas. Es lo que tiene adaptarse al lenguaje televisivo, por eso, tampoco se plantean bloques sobre los programas electorales. No le importan a nadie. Todo el mundo sabe que no se van a cumplir.

¿Estos debates ganan votantes? De momento, solo espectadores en busca de la auténtica clave. La definitiva. Esa que al fin, solo se encuentra dentro de uno mismo. Esa es la clave.

Las voces se miden en ecos en el silencio de las ideas. Abril