¡Arde París!

La gente sabe que es mentira eso que decían que “Europa empieza en los Pirineos”, porque sabe que Europa empieza en París y no termina allí, porque desde ese faro se proyecta Europa al mundo entero. La gente también sabe que hay grandes diferencias entre las grandes ciudades, de las que dependen nuestro pasado, la historia de todos. Roma y Londres fundamentalmente y otras mas pequeñas pero trascendentes en la historia de Europa. Atenas, Toledo, Madrid, Viena, Budapest….De entre todas ellas, París, que bien valió una misa, frase por cierto pronunciada por Enrique IV de Navarra, confirmando con ello, que el valor de lo que significaba reinar en París era tan trascendente como para ni más ni menos, apostatar de sus creencias religiosas y convertirse al catolicismo finalizando el siglo XVI (1593) con lo que eso significaba entonces.

París, a pesar de los años de progresiva falta de influencia de su lengua en el mundo global en que nos movemos, sigue significando lo que de cultura occidental hemos acumulado desde que en 1789 se consolidara el tercer Estado, se aboliera Le Ancien Regíme y se sentaran las bases de la democracia moderna. Esa revolución que precedió a todas las demás por la soberanía popular.

En París se exilió el gobierno de la tercera República, el gobierno vasco en el exilio y la Generalitat Catalana, y fue la liberación de París el comienzo del fin de la II Guerra mundial y del régimen nazi. Aquel 26 de Agosto de 1944 tras entrar los primeros en París, los españoles de la nueve, desfilaron ante Notre Dame a la cabeza del desfile. Honor ganado en la batalla, para mas tarde escoltar a De Gaulle por los campos elíseos, con la bandera republicana en lo alto de sus blindados.

En parís a finales de los años sesenta nos agolpábamos los exiliados españoles sobreviviendo como podíamos en pisos de acogida y comedores universitarios. A veces llegaban los gendarmes y nos detenían durante unas horas, mientras se verificaba nuestra filiación. Mas tarde escribí en una canción:

Eran tiempos de lucha y canción que fueron arengas en nuestra voz

Camas con pulgas y madrugadas aún dormidos en las barricadas

Bien bebidos y bien meados sobre aquel pavés de vino malo

que luego tirábamos a los gendarmes bien protegidos pero acojonados

Eran tiempos de riesgo y de fiesta en la cara de la miseria

De aquella rabia de resistencia de fiereza y fe en la violencia

En medio de aquella clandestinidad siempre hubo un hueco para amar

Se follaba sin descansar como se luchaba por la libertad

En una de aquellas, salté por la ventana con la ropa que pude coger sin mirar. Eran mis pantalones, pero era la camisa de encaje negro de ella y unas chanclas. Si mal no recuerdo era febrero de 1968 y en París hacía un frio de pelotas. Al cabo de varias horas, me sentía al borde del colapso cuando me encontré con un compañero. Le conté el frío que tenía y me prestó su chaqueta por un rato, luego me preguntó la hora, pero yo no tenía reloj, lo preguntó a alguien que pasaba y dijo:¡Ah las siete, perfecto, vamos!

Atravesamos el puente sobre el sena y llegamos a la Cité, y me hizo entrar a Notre Dame. Tardé en comprender la jugada. Era una misa multitudinaria y la muchedumbre se agolpaba alrededor del altar. Hasta allí fuimos y bien pegados unos a otros, poco a poco recuperamos algo de calor. Quizá el justo para seguir viviendo.

… de toutes ceux temps des revés perdus il n’y a seulement un gorila qui fuite t’il d’un homme gentil qui va chantant: ¡Ne me quitte pas! Et un endroit ou les aveugles vont voir pendus toutes les regles. Abril