Echar a los pocos que quedan. 2

La gente sabe, cuando llega a la ciudad, que cada vez acoge más gente, mientras que si le da por pasearse por la llamada España vacía, la desolación será extraordinaria. La población española creció un 36% desde 1975 hasta nuestros días. En eso, Soria pasaría a tener un 23% menos, lo que si los números siguen significando lo mismo, revela un déficit del 59% respecto al resto del país. En Castilla y León, territorio de 94.224 Km2 se pierden entre 15.000 y 20.000 habitantes por año y acelerando y como ya hemos dicho, algunas provincias como la soriana que acoge menos habitantes por Km2 que Laponia es un desierto poblacional con apenas 9,17 habitantes por Km2. La auténtica especie en peligro de extinción en el páramo soriano es la especie humana.

Los habitantes que quedan son una población envejecida y deprimida que cada vez cuenta con menos servicios de todo tipo, y que, algunos trascendentales para gente mayor como los sanitarios, tienen su acceso a kilómetros de distancia, que en determinadas épocas del año son distancias impracticables. Los núcleos poblacionales son pueblos semi abandonados donde nada es medianamente productivo, las tierras abandonadas y terrible ausencia de vida mecanizada o tecnologizada. Gentes abandonadas a su melancolía.

En esas condiciones, muchos núcleos territoriales de Castilla y León apenas tienen otro ingreso que el de la caza. Los cotos de las tierras abandonadas son arrendados por cazadores que pagan precios estimables, en algunos casos, diría que desorbitados, por poder ejercer su afición y su derecho. La ruralidad y la caza siempre han estado unidas por el interés común. Ya en la resolución 882-1987 de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa en 1987, destacaba y cito literalmente: “La importancia de la caza para las regiones rurales de Europa”. En su punto 4, además de otras cosas dice “contribuir para hacer comprender mejor a la opinión pública el papel esencial de la caza en la conservación del medio ambiente y en la búsqueda y desarrollo económico de las regiones rurales” Han pasado 32 años de aquella resolución y la mayoría de los políticos españoles siguen sin creérsela, sin embargo, las noticias falsas, inexactitudes y mentiras se propagan por las redes y son admitidas como verdades por la sociedad civil, que desde que es mayoritariamente urbana, desconfía de lo que no conoce y por ello de los cazadores, propagando una imagen cruel, primitiva, brutal y analfabeta de los cazadores, mientras, centros como el IREC (Instituto de investigación de Recursos Cinegéticos) de la Universidad de Castilla-La Mancha, adscrito al CESID, se dispone a cumplir 20 años de investigación veterinaria y biológica sobre las especies silvestres españolas. Y tantos otros centros como el. La investigación científica seria, ordenada y sustentada por el Estado y algunas Fundaciones, sería larguísimo de listar aquí, pero su desvelo ha conseguido por ejemplo la secuenciación genética de la perdiz roja española para con ello poder controlar hibridaciones y tropelías varias a su costa.

Si las Administraciones Públicas españolas quieren, de verdad, intervenir en el deterioro poblacional español en las regiones donde este se da, tendrán necesariamente que tener en cuenta, no ya el soportar la acción cinegética, sino fomentarla, apoyarla e incluso financiarla, pues en la mayoría de los casos, es la única fuente financiera para poder mantener en su lugar natural una población vital para nuestra historia y nuestra cultura. Si perdemos a las gentes rurales no solo habremos abandonado a las especies silvestres que por falta de control, con su aumento poblacional desmedido, provocarían la destrucción del medio que les acoge, exponiéndose así a una hambruna general y una decadencia genética que redundaría en pandemias incontroladas que provocarían no solo la aniquilación de sus poblaciones sino un riesgo de cierto valor para el ser humano. Ya hay muchos lugares en España donde no hay veda para determinadas especies que por su extrema abundancia deben ser cazadas durante todo el año para controlar los daños que provocan, y ni aún así se consigue. En la España vacía, la caza es fundamental para dar de comer y mantener sanas las poblaciones salvajes. Y la primera la humana.

Pero no hay razones que el sentimiento no tenga en su catálogo de maravillas. Abril