Echar a los pocos que quedan. 1

La gente sabe que hay cosas de las que cuesta hablar, que uno prefiere dejar de lado si fuera posible y que cuando no hay más remedio, se afrontan tapándose la nariz y con la mayor premura. Una de las más actuales y cuyo conflicto no anuncia solución, porque probablemente, no la tiene, es la polémica sobre el maltrato animal y la actividad cinegética. Viene esto a cuento porque ambas cosas son de actualidad en los medios y los foros y conviene reflexionar sobre ello aunque sea en estas pocas líneas.

El pasado día 1 de abril, se ha abierto la veda en Castilla y León, de las especies cazables en esta época y solo ellas. Es público que el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad había prohibido el ejercicio cinegético por una querella presentada por la asociación PACMA, en la que se denunciaba un posible desconocimiento de la salud poblacional de las especies cinegéticas en la Comunidad. Conviene puntualizar: La primera cuestión es que el estudio poblacional aplicado al territorio, es decir, los Cotos de Caza es la base desde la que la Consejería de Medio Ambiente, como en cualquier otra comunidad española, aprueba o desestima los planes de gestión de cada uno de ellos que deben ser presentados anualmente, que deben estar hechos por un Ingeniero de Montes y, como digo, ratificados o no, corregidos o no, por los técnicos de la sección competente de la Consejería. Es decir, el estado de las poblaciones está perfectamente controlado, pues de otra forma no se podrían distribuir los permisos para su captura, adecuadamente.

La norma publicada por el Parlamento de la Comunidad de Castilla y León, desde el 1 de abril y aplicada por el Gobierno dice textualmente: “La caza es una actividad que debe ejercitarse de manera racional y ordenada, de manera que garantice la existencia permanente del propio recurso, es decir, el estado de conservación razonable y la estabilidad de los procesos y equilibrios naturales”

Bien, pues que la actividad cinegética en España es como dice el texto: ..racional y ordenada, es más que evidente, es más, puede que muy pocas actividades legales en España cuenten con unos controles tan estrictos como la caza, controles ejercidos por el Estado, La comunidades Autónomas, el Ministerio del Interior, La Guardia Civil a través del Seprona, etc. Etc. Y así, debe ser.

Que como continúa la norma: …. de manera que garantice la existencia permanente del propio recurso, es decir, el estado de conservación razonable, lo demuestran los propios datos de las Consejerías de Medio Ambiente de todas las comunidades españolas, sus números aclaran que cada vez se abaten mas piezas de caza y cada año sigue aumentando su número, es decir que la acción racional del cazador gestiona de manera positiva su actividad, cada vez caza más y cada vez hay mas animales que cazar.

Y por último: …(que garantice) …..la estabilidad de los procesos y equilibrios naturales” Precisamente es la actividad cinegética ejercida de manera racional, ordenada, legal y éticamente, la que garantiza los procesos. Las poblaciones animales salvajes precisan una gestión para su conservación y mejora que solo la caza racional garantiza, el cazador es un instrumento imprescindible del equilibrio natural y cuando se ausenta de el, se producen auténticos desastres naturales en forma de pandemias que empiezan por deprimir las poblaciones salvajes y terminan por hacerlas desaparecer por completo. La historia de estas prácticas que conducían a esas pandemias es ya, afortunadamente cosa del pasado. Al menos por esa dinámica causa-error, algo hemos aprendido. Continuará…

Las perspectivas vislumbran la razón sentimental. Abril