The catalan question

La gente sabe inglés cada vez en mayor proporción en este país, que antes hablaba francés que parecía mas chic y por eso todo el mundo sabrá traducir el término usado en el titulo de estas palabras. Y se supone que además, lo va a oír en los próximos meses y quien sabe si años, cada vez con mayor frecuencia. Lo escuchará por la radio, por la tele, y lo verá escrito profusamente en los periódicos internacionales, se supone, y hasta puede que se junte en los muros pintarrajeados con aquel otro de Catalonia its not Spain. Lo va a oír, porque el PdeCat, el partido heredero del chorizo Convergencia y Unió ha decidido presentar al molt honorable Puigdemont para la presidencia de la Generalitat, cargo que aún le conceden y al que de ninguna manera podrá optar, pues esta inhabilitado para ello por la justicia. La que tenemos y probablemente tendríamos que cambiar, pero esa es otra cuestión. La pena es que fuera de Cataluña los que hablamos algo de catalán somos bastante pocos, cuando deberíamos ser muchos mas. El caso es que el molt honorable se presentará con el único objetivo de internacionalizar la cuestión, el conflicto catalán. Es decir, el político no hace el gesto por intentar acceder al gobierno de todos los catalanes, sino para que en Europa y el mundo se enteren de lo que quieran la mitad de los catalanes, que dicho sea y no de paso, tienen todo el derecho del mundo a defender su opción. Otra cosa es que esto se haga de las instituciones de todos y por los políticos elegidos por todos.

Al margen de lo esperpéntico de la decisión de los militantes del PdeCat, merece que nos detengamos mas allá de las motivaciones. Los políticos independentistas catalanes, saben muy bien que la guerra no se gana hoy en el campo de batalla sino en los medios de comunicación y también saben que para los medios de comunicación sigue estando vigente la idea de que la peor noticia es la mejor noticia. Saben que no importa la verdad ni los hechos, sino lo verosímil y los sentimientos y sin son truculentos, aún mejor. En estos días del proceso lo estamos viendo cotidianamente. Cada cual cuenta su película y la versión de lo que pasó no la mediatizan los hechos, que constituyen el principal objetivo de la artillería independentista, sino los mensajes, porque los hechos son tozudos y no admiten interpretaciones, mientras que los mensajes, sobre todo si son peliculeros, son muy apreciados por los aburridos lectores de periódicos.

El molt honorable Puigdemont no pelea por sentarse en el Palacio de la Generalitat, sino por controlar la propaganda. Es cierto que poco le queda por controlar o intentarlo, mas que eso, pero sabe que desplazar el conflicto entre catalanes hasta el conflicto entre catalanes y cualquier otro (español, claro) le ha dado réditos muy interesantes y sobre todo sabe que si consigue imponer la idea, habrá instalado en la mente del ciudadano europeo, la certeza que catalán es igual a independentista, borrando de un plumazo a la mitad de sus compatriotas a los que su gobierno y el del Sr. Torra, abandonaron al tomar posesión del cargo. Eso de “gobernar para todos” no va con ellos. Mientras, su partido seguirá sentado en el columpio cínico de toda su existencia, en la que toda su política ha sido articular pactos alternativos con tirios y troyanos con el único fin de sacar beneficios de la impostura y el mercadeo. Eso si, con esos beneficios consiguió rectificar la historia y desde ella reeducar a los catalanes que fueron al colegio en estos treinta y nueve años al mas puro estilo estaliniano.

La gente está mas dispuesta a creer en los cuentos que quiere oír que en las verdades que no quiere escuchar. Es una vieja práctica desarrollada desde las civilizaciones antiguas, hasta nosotros pasando por el Fénix de los ingenios. Para quien quiera tenerlo en cuenta, dice Lope en su Arte nuevo de hacer comedias:

…..y, cuando he de escribir una comedia,

encierro los preceptos con seis llaves;

saco a Terencio y Plauto de mi estudio,

para que no me den voces (que suele

dar gritos la verdad en libros mudos),

y escribo por el arte que inventaron

los que el vulgar aplauso pretendieron,

porque, como las paga el vulgo, es justo

hablarle en necio para darle gusto.

 

La paja y el grano buscan su estímulo bajo las raíces en la tierra. Marzo