La memoria

Que ímproba operación
negociar el corazón.
¡Que pertinaz la memoria!
¡Que extraordinaria la noria del recuerdo!
(Recordar. P. Andión)

 

La gente sabe que somos memoria. Aprendemos sin cesar, cada día, cosas nuevas, útiles y banales y en función de ese conocimiento existimos, pero no lo podríamos hacer sin un lugar donde guardar el conocimiento. Y nuestra existencia como máquinas caducas se va aferrando según envejecemos, a los recuerdos. Ya sabemos que las enfermedades mentales ligadas a la decrepitud humana como el mal de Alzheimer, destruyen implacablemente la memoria cercana, sobre todo, la que reside en el cortex prefrontal, pero deja intacta a veces la memoria a largo plazo, la llamada memoria consciente o explícita, que reside en otro lugar del cerebro, el hipocampo en el sistema límbico, junto al lóbulo temporal medial. La memoria que se ha instalado ahí después de mucho tiempo transcurrido desde que la tuvimos en el cortex prefrontal. Por otro lado, el carácter de lo que podemos memorizar también influye en la solidez del recuerdo, no es lo mismo guardar memoria del trabajo o memoria procedimental que guardar sentimientos. Los experimentos científicos avalan la idea que los sucesos emotivos sean codificados de manera mucho mas profunda en la memoria y por ello mucho mas resistentes al olvido.

Siempre están de manifiesto asuntos relacionados con la memoria. El traslado de los restos del General Franco desde donde guarda memoria del golpe de Estado que asestó al gobierno democrático salido de las urnas, en 1936. La publicación de un libro de memoria del Presidente del Gobierno, la memoria civil sobre el caso Julen, la memoria catalana independentista, llena de ficción interesada, la memoria desvelada en las acusaciones a miembros de la Iglesia Católica de abusos a menores, o la intención declarada de la extrema derecha en Andalucía de derogar la denominada Ley de Memoria Histórica y democrática que fue aprobada en marzo de 2017 sin ningún voto en contra, la friolera de 78 años después de acabar la mal denominada Guerra Civil. Andalucía en estos asuntos es quizá el territorio español mas perjudicado, con mas de 50.000 muertos fusilados ignominiosamente, amontonados en mas de 700 fosas comunes, conocidas y algunas más, como la de Lorca, por ejemplo, sin identificar.

Poner al frente de estos asuntos a los representantes de la extrema derecha en el gobierno andaluz, es un acto tan cruel, como insensato. De la misma forma que ninguna ley puede imponer la memoria, esta existirá aunque no tenga una ley que le permita a la sociedad civil heredera de los que defendieron con su vida la legalidad y la democracia encontrar y enterrar dignamente a sus muertos y cualquier intento de igualar a unos y otros contendientes es una afrenta a la dignidad humana.

La memoria de la gente que guarda el recuerdo de sus asesinados es memoria sentimental y por ello, anclada en la profundidad del cerebro humano, de forma que 78 años sin ley no la hizo desfallecer. Seguramente solo acabará con el paso de generaciones y la desaparición de aquellos que recuerdan. Pero quedará escrita para siempre en ese mapa de fosas comunes hoy perfectamente descrito.

Poner al incendiario como jefe de bomberos es lo que está propiciando el partido popular en Andalucía, pero las brasas le pueden quemar el fondillo de los pantalones. La sociedad civil, seguramente, se lo demandará, aunque tenga que esperar cuatro años.

Todo lo que parece igual termina siéndolo. Febrero