VOX ¡que bueno que viniste!

La gente sabe lo que piensa la gente. De los cercanos, casi todo, de los mas lejanos, lo suficiente y de los alejados lo que se les supone. Por enorme que pueda parecer la distancia de las gentes y sus diferencias en esta sociedad del siglo XXI, aún vígen procesos de conocimiento arcaicos, derivados de las relaciones personales y la confianza entre iguales. El, me han contado que fulanito…… vale para estar al tanto de las cosas de los otros. Claro que no es como antes, cuando nos movíamos en un ámbito de sociedad civil circunscrito a los transportes terrestres y sus limitaciones. En los pueblos, aún se sabe todo de todos y las noticias en el campo vuelan. Prueben a confiar a alguien alguna intención de venta, por ejemplo, y empezarán a recibir llamadas al día siguiente empezando por eso de: me he enterado que…. Aún en circunstancias tan especiales y delicadas como, por ejemplo, las que se planteaban en los años de plomo en Euskal Herria, a pesar de lo que se votara, acción que nunca fue tan pública, todos sabían lo que pensaba cada cual.

Acabada la época oscura de la dictadura y desde hace ya 31 años de la Constitución, el pensamiento no solo es libre sino público e impune. Y cualquiera, como se dice, es respetable, aunque deberíamos decir era respetable, porque algunos pensamientos y creencias divulgadas hoy, son intolerables.

Hemos sido testigos durante estas décadas, como en determinados ambientes, se desvelaban muy sutilmente, eso si, actitudes, pensamientos y creencias ligadas a valores que nos parecían superados, viejunos y malolientes, pero que de vez en cuando, se veía que seguían ahí. Imágenes casi ingenuistas del Dictador con su tripita y su quepis que nos parecían de chiste y que valorábamos mas como una broma que cualquier otra cosa. Pero es verdad que la sociedad civil española, no ha avanzado ni a la misma velocidad, ni en el mismo sentido, ni con la misma intención, ni los mismos intereses. Durante muchos años, observamos estas señales mas como los restos de un naufragio, que otra cosa, debo de confesar, que sin darles la mas mínima importancia. Y eso, nos llevó a borrar chistes y chistes del móvil, a levantarnos de alguna que otra mesa y a dejar de acudir a alguna cita, pero poco mas. En realidad, todo ello, se limitaba al ámbito cercano y por ello, nunca fuimos capaces de poder evaluar y cuantificar esos sentimientos que nos parecían ostentoreos, como diría Jesús Gil. Nadie fue capaz de saber cuanta gente en este país bebía de la nostalgia fascista, retrógrada, xenófoba, machista, revanchista, rencorosa y obcecada.

Ahora lo empezamos a saber, tenemos bastante idea de la gente que en Andalucía lo siente, y vamos a saberlo en las próximas generales. Y todo gracias a VOX, a la que le damos la bienvenida, por dos razones.

La primera, por que se erige en el registro mas fiable de ese sentimiento y su presencia institucional, nos dará a conocer el porcentaje de la sociedad civil española que aún cree que este país es sol, moscas y toros. Esta formación nos desvelará la cantidad de personas que votándoles, nos dirán quiénes son, cuántos son, en dónde están y a qué están dispuestos.

La segunda es que todo ello que desde 1975 se mantiene en la sombra de la sociedad, sin apenas actividad pública, se incorporará al sistema parlamentario español y aunque no crea en el, no tendrá mas remedio que participar, con lo cual, no solo conoceremos sus postulados e intenciones sino que los conoceremos en el escenario necesario, donde se confrontarán con las ideas de los demás grupos políticos representados y ahí tendremos posibilidad de ver las distancias y equidistancias democráticas entre ellos.

España era el único país europeo donde la denominada extrema derecha, término con el que estoy en desacuerdo, no tenía representación parlamentaria. Ya la tiene en Andalucía y previsiblemente la tendrá en el Parlamento de la Nación. Bien, tendremos todas las cartas sobre la mesa, sin opción para tahúres, por eso me parece bienvenida VOX.

Cada disculpa carga con su parte de vergüenza. Enero