El público del público

La gente sabe que necesita de la gente. Se pone el énfasis de la evolución humana en el lenguaje, pero este no hubiera podido desarrollarse si no hubiera habido con quién hablar. Esta perogrullada es mucho mas trascendente de lo que pudiera parecer y sin embargo pocas veces se tiene en cuenta. Puede que sea porque se da por sentado. El hombre es un animal social, en lo que, por cierto, no se diferencia de ningún otro, y esa sociabilidad en otras especies no sabemos hasta donde da, pero si sabemos que en algunos casos va mas allá que en otros, los delfines y ballenas, son los casos mas conocidos y estudiados aunque hay otros bichejos tan listos o mas que estos, pero como son feos y hasta peligrosos, no salen en la foto. Pues bien, no siendo diferentes en esto de juntarnos, si que lo terminamos siendo por el desarrollo del lenguaje que es el auténtico arquitecto de nuestro cerebro. Eso nos fue acercando a los otros cada vez con mas ahínco hasta llegar a depender de ellos. Seguramente el grupo nos salvó de la decadencia y desaparición. Entre unos y otros, con los otros, fuimos superando etapas hasta llegar a ponernos corbata y conducir coches eléctricos, como ya hacíamos a principios del XX, por cierto.

La comunicación social nos ha traído hasta aquí, donde ha terminado por imponerse de manera definitiva. Aquel axioma de la Escuela de Palo Alto, pequeña ciudad cerca de San Francisco, California, donde se desarrolla la llamada perspectiva interpretativa, relacionada con al interaccionismo simbólico, propone la teoría de que relaciones sociales son establecidas directamente por los sujetos que interactúan, así es que la comunicación se conforma como la base de toda relación personal: ”Es imposible no comunicarse: Todo comportamiento es una forma de comunicación. Como no existe forma contraria al comportamiento (<no comportamiento>) no existe <no comunicación>. Consecuencia: Todo es comunicación. Base de todos los conocimientos gnoseológicos. Todo lo que nos pide la lógica del conocimiento. Pues bien, tenían razón los comunicólogos que nos anunciaron esto a la vez que el hombre llegaba a la luna en blanco y negro.

La sociedad civil de hoy no es sino esa enorme masa de cerebros organizados alrededor de la comunicación, en sus diferentes formas y tamaños, que nos ha proyectado hasta un Nirvana donde el pandemónium comunicativo se escapa de nuestras perspectivas y del que solo tenemos noticia cuando llega a los tribunales o sospechamos de el, cuando empiezan a llegar esos correos electrónicos ofreciéndonos ser millonarios tras darle al return. Remedios milagrosos para adelgazar o espectaculares resurrecciones sexuales a partir de los 80 años. Pues bien. Todo eso solo pasa cuando resulta que somos el finalista. El sitio donde todo acaba. Nada comparado cuando se busca en nosotros a nuestros públicos, nuestros contactos relacionados con nosotros y entre ellos, con algo familiar que nos une, como propone Derek Thompson, estudioso de la teoría de la información. Se nos busca cuando se nos envía un hastag sabiendo que lo vamos a reenviar a nuestra clientela. En la búsqueda de lo relacional se basan plataformas como Amazon. Basta que compres algo para que empiecen a proponerte cualquier otro producto que pueda relacionarse con tu compra o con tus supuestas preferencias derivadas de tu acción. Es cierto que nos relacionamos por familiaridad, por asuntos que no solo compartimos sino que hemos incorporado como propios y, por inferencia, incorporamos a los otros que nos escriben.

Hoy, mas que nunca, escuchamos lo que queremos oír y creemos en lo que estamos dispuestos a creer.

Ya hemos dejado la categoría individual obsoleta, nuestra condición ya no es la de individuo, salvo, como hemos dicho, cuando llegamos a ser finalistas. Somos un medio más para llegar a nuestro público, que a su vez, tendrá el suyo y así sucesivamente. Lo dicho: Ya, todo es comunicación.

El fruto se protege tras pulpas y cáscaras. Casi todas amargas. Enero