2019

La gente sabe que en este año que balbucea van a pasar muchas cosas trascendentes en sus vidas, y lo sabe porque ya le ha venido viendo las barbas desde el precedente, par y queda. Las gentes son la maquina inmejorable para interpretar lo que sucede y les pasa. Nadie mejor para tomarle las medidas al traje que les cubre las vergüenzas, cada vez mas holgado y ellos cada vez mas magros. Y mientras ven pasar la sociedad del bienestar por los platós de televisión, cada vez que vuelve de la calle, cuenta menos monedas en la faltriquera y el sofá se ve cada vez mas raído y viejecito. Las angustias no le sirven, ya lo sabe, pero aquel Plan de Pensiones del que hablaron alguna vez, no ha logrado ver la luz por los imprevistos de los ancianos padres y jóvenes hijos. Ambos extremos se han comido lo que se preveía que podía sobrar y santas pascuas. Los años se van echando encima y la hucha de las pensiones va financiando, según han oído decir, el gasto social, y las dudas de si quedará algo cuando les toque a ellos son cada vez mas grandes. Resulta que tampoco pueden cambiar el coche, pero ya les han amenazado desde los poderes públicos que los que tengan mas de 10 años lo van a tener crudo para poder circular por las ciudades y no digamos nada, poder aparcar. Pero la gente sabe que el 61,5% de los coches que circulan en este país, tienen mas de diez años. Sabe que en la última década el parque automovilístico ha envejecido un 50%, ni más, ni menos, y sabe que seguirá envejeciendo según los expertos, al menos, hasta 2020. ¿Pero quien cambia el coche ahora que se acerca el master de la niña? Desde la tele se ve distinto pero claro, quien sabe lo que es cierto y lo que está guionizado, aunque sospecha que los guionistas que trabajan para la tele, parecen los únicos capaces de cambiar de coche. Si alguno de los chicos piensa independizarse ya puede prepararse para compartir vivienda y comprar todo en Ikea que es más barato, aunque su casa se parezca a cualquiera, y menos mal que se han extendido los bazares chinos, donde uno compra cosas a un precio que solo pueden provenir de una esclavitud laboral generalizada, aunque a la gente, le venga de perlas y haga oídos sordos a esa vocecita de conciencia social que le susurra y le incomoda. ¿Y del trabajo? Pues menos mal que el que lo tiene lo pueda conservar, eso si, sin solicitar aumentos ni poner caras cuando le exigen un esfuerzo de horario o de turnos en días de fiesta. ¡Venga lo que sea! No están las cosas para ponerse estrecho con el jefe y menos reivindicativo. La gente hace cuentas de la última huelga general y casi no se acuerda de cuando fue quizá la del 29 de marzo de 2012 y desde entonces han llovido cántaros y pedrisco a rabiar, aunque algunos si se acuerden de otras como la de octubre del 34. Y la gente piensa como ha cambiado la vida, tanto, que las cosas que enfrentan a los que detentan la propiedad de los modos de producción y los que tienen la fuerza del trabajo, antaño tan en los extremos y a cara de perro, se solucionan continuamente en una mesa de negociación que revisa las cosas laborales cada año y todos se entienden, y parece raro que se puedan entender tan bien. Pero en fin, mientras las librerías de barrio desaparecen poco a poco, a la gente le queda el recurso de no leer, que siempre ha dado mucho sueño y se está estupendamente en el sofá, al menos hasta que nos despierten los chicos y chicas de Operación Triunfo pegando voces. Como cada año, echar la vista atrás da pena y mejor quedarnos en el juego de rufianes que es intentar predecir como nos irán las cosas en adelante. Pero el caso es que algunas cosas como la corrupción generalizada y transversal desde el punto de vista político, solo viene a decirnos lo de siempre, que el hombre no tiene remedio y desideologizado, menos. No pintan bien, ni las rebajas, porque la gente ya se lo ha gastado en Black Friday y lo peor es que amenazan con un súper domingo electoral en el que nos podremos pasar el día metiendo papeletas y papeletas en la urna. Vete a saber para qué. Aunque lo haremos.

El año nuevo promete seguir dejando pasar la vida por la tele. Enero