Narcos

La gente sabe que existe vida después de Mcluhan y que por esas cosas de la aldea global, dichas a mitad de los años cincuenta del pasado siglo, algunos tenemos un monumento interior al profesor del Massachusetts Institute of Technology, por avisarnos tan certeramente y con tanto adelanto a las cuitas de esta era que disfrutamos, donde la vida parece que ha huido de los hogares, las empresas y la calle para trasladarse a las pantallas de los televisores, donde acontece con toda su crudeza y lejanía, en informativos, concursos, debates y, sobre todo, series de televisión. Las que protagonizan las citas en el salón para seguir viendo el capitulo X de la temporada Y compartiéndolo con nuestros seres queridos. Lo que además, nos aporta el importantísimo contenido para las conversaciones en los breaks del trabajo. Y es lógico, porque la vida de la tele se parece a la nuestra pero sin el estrés, las preocupaciones y dudas de la nuestra, la de verdad. Quizá por eso un enorme colectivo de españoles lleva tragándose Cuéntame tras 19 temporadas. Ni más. Ni menos.

Pero claro, como en la vida, las cosas de la tele también cambian, a mejor, a peor y a todo lo contrario, porque siempre podremos movernos de un capítulo a otro, porque hay gente, es verdad que no demasiada, que es capaz de cualquier cosa con tal de no ver Máster Chef, Gran Hermano, Operación Triunfo, o cualquiera de sus productos derivados. Y la oferta de series es tan deslumbrante que a poco que tenga uno unos euros al mes para el asunto, se encuentra con varias y fáciles plataformas de contenidos donde si uno no encuentra lo que busca es que no era cierto que buscase.

Pero claro, (insisto) en la tele como en la vida, las tendencias dominan nuestra actividad cotidiana y extraordinaria, cada vez se programan mas viajes familiares o sentimentales, no a Venecia, Florencia o el Desierto del Namib, sino a Falcon Crest, La Casa Blanca, o los campamentos vikingos de Marina Dór. Y la tendencia desde hace tiempo son las series sobre la vida y obra de los narcotraficantes. Los denominados Señores de la Droga, en el mismo plano que Ricardo Corazón de León, El Cid, Alejandro, o Escipión el Africano. Héroes.

Narcos, Narcos México, Fariña, Loving Pablo, El Chapo, etc, son los herederos en la tele de los éxitos literarios (da un poco de grima llamarlos así) de El Poder del Perro de Don Winslow o La Reina del Sur de nuestro paisano Arturo Pérez-Reverte. En esas series encontramos pistolas con diamantes incrustados, jardines fabulosos con elefantes, metralletas cubiertas de oro y modelos exuberantes en pelota picada, blancas de cocaína. Los héroes son tipos que han mandado matar, por ejemplo, en 2017 a 70 personas al día solo en México, que han introducido decenas y decenas de miles de toneladas de droga en USA que se han llevado por delante a miles y miles de ciudadanos enganchados a su consumo. Ahora sabemos que solo El Chapo Guzmán Loera introdujo mas de 25.000 toneladas de cocaína en algo mas de diez años.

Estas series no engañan a nadie. En ninguna de ellas se pintan las cosas como no fueron y los héroes son asesinos confesos de su propia mano, gentes capaces de mandar matar a los rivales y colgarlos sin cabeza de un puente de autopista, mientras ellos acompañan a algún político a la inauguración de alguna escuela u hospital financiado por ellos y sus muertes. También sabemos que El Chapo gastaba mas de 300.000$ al mes en sobornos, solo en la ciudad de México. Tipos que lloran en las iglesias en la comunión de sus hijos mientras sus sicarios liquidan a su orden a cuantos les puedan estorbar, y mientras, nosotros, acabado el capítulo apagamos la tele y nos vamos a la cama, y a lo mejor lo que sucede es que es verdad aquello que decía Michael Corleone por boca de Al Pacino en El Padrino: No es personal, sólo negocios. El de la tele, claro.

Los narcocorridos llegarán a los 40 principales. Y entonces nos acordaremos de la Tarara. Noviembre