Para toda la vida

Ya he empezado a morir para aprender a verte

Con los ojos cerrados y pienso que es mejor

Para toda la vida no basta un solo amor

Tal vez el nuestro sea para toda la muerte

Luis Rosales

 

La gente sabe de memoria la frase invocada en las ceremonias matrimoniales, aquello de que lo que une el altísimo no lo desuna el hombre. Y en esa frase está, como casi siempre pasa, el contenido de la contraria. La posibilidad cierta que el “hombre” así entre comillas, desuna lo que termina por no convenirle en la vida. Es curioso que la frase no declara la imposibilidad que el hombre “pueda” disolver el vínculo, sino que advierte que no “debe” hacerlo.

El matrimonio, según la Biblia es una promesa sagrada entre un hombre y una mujer, lo que viene a sancionar de manera tajante un vínculo irrompible, una póliza de seguro que ambos cónyuges obtienen uno del otro, y cuyo incumplimiento, contempla la condenación  del incumplidor.

La condena llega si no se soporta el vínculo durante la vida. Ni más, ni menos. Toda una vida. Pero como aclara el poema de Luis Rosales que antecede estas palabras, “para toda la vida no basta un solo amor”. La vida del ser humano, hoy, es muy larga y cada quisque termina siendo varias y seguro que diferentes personas a lo largo de su vida. Muchas de ellas antagónicas. Es cierto, según los neuropsicólogos que una vez,  traspasados los seis años de vida, nuestra personalidad estará definida para siempre, mientras duremos, pero, como seres vivientes, dependemos tanto o mas del entorno, las famosas “circunstancias” de Ortega. Y estas, demuestran, que somos personas tan diferentes al cabo de nuestra vida que mantener esa coincidencia sideral con el otro es una posibilidad cada vez mas exigua. Antiguamente, la vida del hombre cambiaba poco, pero en la actualidad, las posibilidades que se abren ante nosotros posibilitan que seamos varios diferentes en nuestra vida. Entendido así, que coincidamos en nuestros cambios con los cambios del cónyuge,  es un porcentaje insignificante.

Según el INE, los procesos de disolución matrimonial en el último año estudiado, 2017, fueron 102.341, divorcios, 97.960 y la duración media del vínculo fue de 16,6 años, quiere eso decir que una vida media de 75 años, entendiendo que la persona media comienza a vincularse con otra a partir de los 22 o 23 años, nos daría una media de tres matrimonios por vida.

Las tasas van disminuyendo, desde 2006 bajaron del 3,26 por 1000 al 2,26. O sea una bajada del 30%. Lo que puede interpretarse, como siempre de diversas formas. Puede, como dicen algunos que sea una señal de crisis económica. Al final, dos sueldos sumados dan mas que dos sueldos, y también,  puede que sea porque la gente se casa cada vez mas tarde y lógicamente hay menos improvisación. También acuden a esta discusión los que miden el lugar de los valores que se han hecho mas tolerantes y menos venales, mas desapasionados, de manera que algunas de las causas de las rupturas matrimoniales, hoy se toleran mejor, se entienden como parte de las voluntades reciprocas, y los posibles devaneos matrimoniales en clave sexual  sean menos trascendentes en la vida conyugal.

De cualquier forma y por la causa que cada cual considere las mas plausible, el asunto es que mantener un matrimonio por encima de los 15 años, puede ser un signo de mayores limitaciones y debilidades que valores esenciales. Somos tantos, tan distintos durante tanto tiempo, que eso de “para toda la vida” se convierte en una excepción límite.

 

Los amores terminan por ser siempre como una despedida como dice Luis Rosales. Noviembre