La foto

Nadie sabe qué diablos habrá después de creer.

Ninguno ha abierto los labios ni ha conseguido volver.

“Acusatio manifesta” de querer y no poder.

Vanidad de vanidades. Lo dijo El Eclesiastés.

 

La gente sabe  de qué manera la imagen nos ha acompañado desde los albores de nuestra especie, y aún antes. Todas las representaciones previas a la fotografía ilustraron el camino del conocimiento. Desde las primeras y fundamentales que dejamos en las cuevas, con su enorme carácter simbólico, hasta las iluminaciones de los libros sagrados. Que tajante es el término usado de Iluminación, o sea, mostrar, poner el foco, centrar la luz, hacer comprender. Ya sabemos que el trabajo de miniado de las copias de libros sagrados estaba reducido a los hombres, pos supuesto monjes, como casi todo en aquellos tiempos. Eran por tanto ellos los que poseían el don de glosar la palabra en colores, los encargados de iluminar el conocimiento, ni mas ni menos, que de la Fe. Siendo al asunto mas serio posible, nadie como La Iglesia para escenificar la palabra sagrada. De esa forma, se evitaba el escollo del analfabetismo que prácticamente era del 99%. Los que no sabían leer, al menos podían ver lo trascendente. A la vez, los artesanos llenaron de luminarias de escenas sagradas con cristales de colores todas los huecos de los lugares sagrados de manera que se pudiera posibilitar el éxtasis.

Sin embargo, todas las representaciones icónicas eran simbólicas, como siguen siendo las artísticas. Y con ello, daba entrada en su confección a introducir la intencionalidad del que las hacía. De esa forma, Leonardo pintaba en la Sixtina un Dios y un hombre sensuales, musculosos e indolentes, como a lo mejor le gustaban a él, Goya ridiculizaba a Carlos IV haciéndole parece mas bobo de lo que era y era muy bobo, Picasso dibuja las cabezas de sus amantes en función de sus fluidos y etc. Etc. Toda las imágenes creadas por el hombre no son mas que símbolos interesados.

No es si no hasta la llegada del daguerrotipo, la fotografía primitiva, cuando los seres humanos comenzamos a ver las cosas como son. Tal cual. No como quisieran que fueran o como nos gustaría a nosotros que lo fueran. La fotografía devuelve al hombre lejano la visión de sus ojos, como si estos pudieran viajar tantos kilómetros de distancia como hicieron el fotógrafo y su cámara. Es el primer viaje seguro que el hombre hace a la realidad desconocida, la primer instancia de un conocimiento vicarial asegurado. El principio del conocimiento moderno. A distancia.

Puede que el viejo dicho de ojos que no ven, corazón que no siente que venga a advertir que hasta que no se vean las cosas con los propios ojos, estarán en cuarentena, sirva como punto de partida del conocimiento universal a través de la foto, primero y la foto en movimiento después. Ningún invento del hombre se ha instalado con mayor celeridad en todo el orbe conocido. El que no sale en la foto. No existe.

El asunto es peliagudo porque la gente sigue creyendo lo que ve en las fotos, pero esto ha cambiado radicalmente. La fotografía digital ha posibilitado de nuevo la subversión de la realidad ante el objetivo, de forma que con los programas de edición que hoy maneja cualquier caspa, se puede alterar la foto de manera que aparezca lo que no está o desaparezca lo que estaba. De nuevo una oportunidad de manejar el símbolo interesadamente. De nuevo no podemos creer en lo que vemos en la foto y lo peor es que nos habíamos acostumbrado a hacerlo. Y eso es peligroso, porque nos veremos, seguro, mas bobos.

 

¡Creer es saber la historia que escribirá la memoria sin revelar el final. Octubre