Psicología animal

La gente sabe  que la relación que mantenemos con los animales está llena de luces y sombras. Lógico. Han pasado tantos miles de años desde que nos aupamos a la cúspide de la predación que se nos ha olvidado tanto pasado, que, sin embargo, aún guardamos en nuestra mochila genética.

En el verano, se llenan los espacios de acogida animal de miles de mascotas de todas las especies, abandonadas por sus cariñosos dueños a su albur. Muchas de ellas, mueren por accidente, atropelladas, o simplemente de inanición, por no poseer las claves de sus congéneres salvajes para buscar y encontrar comida. Eso si, alguna de ellas causan un desastre ecológico premeditadamente silenciado para la connivencia del sentir animalista. Hay ejemplos para aburrir, por eso, solo daré dos. La acción de un grupo ecologista radical en Galicia sobre una granja de pacíficos visones, dejó en libertad a varios miles de ellos que acabaron con toda la fauna alrededor de su espacio de movilidad, hasta que sin nada que comer, se murieron ellos solitos. La otra es mas actual. Algunos amigos de los animales mascota que habían comprado para su solaz ejemplares de cerdo vietnamita, hartos de ellos los soltaron y ahora las autoridades medioambientales se están encontrando con ejemplares de jabalí ibérico, que es una joya biológica, hibridado con cerdo vietnamita. Un desastre.

La relación del hombre con los animales de su entorno, siempre fue simbiótica. De esa forma comenzamos a provecharnos de ellos, matándoles para comérnoslos, para mas adelante ver la forma de aprovecharnos de algunos de ellos para matar a los otros de manera mas eficaz. La eficacia de esas prácticas nos han traído hasta hoy ejemplares de animales totémicos que de otra forma habrían desaparecido como tantas especies. Lo que no nos ha servido, lo hemos sacado del plato. Los podencos, representados ya en los frisos egipcios e identificados sus huesos enterrados en los brazos de los faraones, han llegado hasta nosotros como los máximos expertos mundiales en la caza del conejo. Ya saben aquello del órgano y la función.

De cualquier manera, y en todas las relaciones establecidas con el reino animal, el ser humano se ha preocupado por comprender al animal, sea para domesticarle, adiestrarle o perseguirle y cazarle. La psicología animal y su preocupación no es cosa de hoy como asevera Ivan Pavlov, psicólogo ruso de moda otra vez, en los estantes de libros de las mejores clínicas veterinarias de lujo. No. El cazador ha intentado descubrir la psicología de la perdiz para comprender mejor como hacerse con ella. El pescador intenta saber como se comportan los bancos de sardina para pescarlas. Aquel que tiene un perro doméstico, no solo se preocupa por conseguir que comprenda donde y cuando hacer sus necesidades, sino, ver si descubre porque ladra al cartero o se deprime con Master Chef.

Estudios sobre la psicología animal desde los antiguos griegos a los libros medievales cinegéticos, o el gran Ivan Pavlov, se han publicado miles que responden a investigaciones sobre conducta y personalidad que han dejado claro que entre los animales, las diferencias de personalidad son tan evidentes como en el ser humano, diferencias, de las que se supone desciende la humana y todas ellas, desde las prácticas egipcias a la penúltimas, aclaran asuntos que conciernen a la relación mutua animal-humano. Una de las mas recientes se basa en un libro sobre conducta animal a través de una investigación minuciosa sobre mas de 100 especies, de las que se describe sus rasgos personales. Eso si, la fuente de información ha sido preguntar a sus cuidadores. (sic) o lo que es lo mismo mirar el reflejo en el propio ojo. Por tanto, nuestra investigación sigue basándose en la interpretación humana de la conducta animal. El mismo error de siempre, Mirar solo desde el ojo humano. Claro. No tenemos otro.

Los ojos del hombre juntan todos los ojos de todos los animales. Agosto