Hijos de las Hordas 1

La gente sabe todas las fronteras están establecidas por criterios imperativos. Políticos o militares. Conquistas o tratados, el reparto geográfico del mundo es un reparto que se impone al margen de los pueblos, de sus culturas, de sus lenguas, de sus tradiciones. Así no existe que se sepa, ninguna de esas marcas, como llamaban los mongoles a las señales que clavaban en los territorios conquistados de manera física, que no divida pueblos, lenguas, culturas. Algunas, como las fronteras africanas están trazadas desde el desconocimiento y el desprecio social. Casi todas ellas marcadas definitivamente en los estertores del XIX abarcan territorios que en aquellos tiempos eran perfectamente desconocidos, donde muy pocos europeos habían entrado y el sistema fue desarrollado desde las líneas trazadas en un plano sobre una mesa, en Bruselas, Londres, Berlín, Roma o Madrid.

Los Pueblos o Naciones, entendiendo con ello el conjunto de seres humanos que mantienen una cultura específica y diferenciada, basada en una lengua común propia, una colectividad que ha alcanzado la integración cultural entre sus miembros, en el transcurso de un proceso histórico común, y gracias a lo cual goza de una capacidad de actuación y relación con otras colectividades y sobre todo, una autonomía funcional interna garantizada por la identificación entre los individuos. Los rasgos principales serían: 1. Grupos sociales integrados culturalmente, con perfil reconocido al margen de su pertenencia a uno o varios otros Pueblos o Estados. 2. La existencia y reconocimiento social de una experiencia histórica común.  Dice García Pelayo: “La nación no es una entidad natural sino una entidad creada por la historia” A lo que pensamos que habría que añadir: “Basada en la fuerza de la identificación y los hechos culturales” 3. Capacidad de acción colectiva para mantener viva la acción cultural necesaria para que las realidades nacionales subsistan. 4. Que los individuos entiendan su existencia ligada a la existencia de su pueblo o nación y se sientan orgullosos y responsables de su realidad que no todos los seres humanos logran poseer.

Bajo esta perspectiva el análisis cartográfico del mundo no solo parece un disparate sino una negación de las dinámicas sociales que han traído al hombre de hoy hasta este siglo, pues es evidente que sin que los individuos no se hubieran apoyado en sus iguales y no se hubieran unido a ellos, ninguno de nosotros estaríamos aquí. Definitivamente somos hijos de las hordas.

Como consecuencia, veríamos un mapamundi de pueblos, atravesado por un entramado de líneas fronterizas que dejarían a uno y otro lado a individuos que conforman una nación. Una realidad de fractura sociológica radical pues puede significar diferencias fundamentales derivadas del tipo de Estado en que se encuadren, provocando con ello el estrés cultural entre los miembros del pueblo con pasaporte diferente.

La lista de las llamadas Naciones sin Estado es enorme y las diferencias de su salud social y política gigantescas, las diferencias ligadas a la consideración que el Estado al que pertenecen tengan de ellas, van desde el máximo reconocimiento y cooficialidad hasta la negación absoluta y como consecuencia su persecución y aniquilamiento.

De esta manera el mundo parece un sueño loco de poder administrativo. Veremos…

Todas las lenguas comparten los músculos y los deseos. Julio