La desafección cultural del poder

La gente sabe que esperar que suceda lo que nunca ha sucedido es un ejercicio de Fe e ingenuidad y aún así, cada vez que se vislumbra un cambio, espera que pase por fin lo que nunca pasó.

Desde que se desvelaron los primeros nombres del nuevo Gobierno del PSOE se empezó a forjar la idea de que Pedro Sánchez quería tener un Gobierno que emitiera señales y probablemente termine siendo un Gobierno de slogans. La deriva del partido socialista, aquella enunciada de gato blanco/gato negro sigue su curso en esta nueva etapa en la que parece que de nuevo, como en el mus, el que se juega en toda España, la boca no cierra juego. Es decir: Permite anunciar con la boca la jugada que no tienes, porque se admite que la boca miente. Ya saben que en ese maravilloso juego, las señas son una herramienta extraordinaria para, sabiendo por ellas, al descubrirlas, lo que lleva el otro, acomodar el juego a ello. La diferencia sustancial es que con las señas no se puede mentir. Si elevas las cejas es que llevas dúplex y si luego llevas medias, es renuncio y has perdido la partida. Como siempre, los juegos populares están llenos de sabiduría y al igual que en política una cosa es lo que prometes y otra cosa lo que haces.

El Gobierno de Pedro Sánchez está lleno de señales. Parece poco más que eso, un manual de mensajes o slogans pero es cierto que bien elegidas. Las señales parecen estar bien colocadas. El slogan de nombrar a un catalán europeísta en Exteriores, una catalana en Política Territorial, una fiscal en Justicia, un juez en Interior, o una catedrática de Instituto y Consejera de Educación autonómica, o quizá la señal más brillante, la de configurar un ejecutivo con más mujeres que hombres, es un buen slogan. “Pondremos al que sabe donde importa” Parece que quieren decir.

El PSOE sabe que si lo hace bien en este año y medio de Gobierno, subirá en las encuestas y quizá sea la única oportunidad de no quedarse como un partido casi marginal, ha mandado al Gobierno del PP a casa y de nuevo una circunstancia coyuntural, como la sentencia Gürtel de carácter ético-político, como pasó con Zapatero y el 11M, le pone en el Gobierno de la Nación. Otra cosa es que pueda acometer asuntos de enjundia, pero es lo de menos, los slogans no son sentencias filosóficas sino frases ingeniosas fáciles de asimilar.

El Gobierno nombrado retrata a su Presidente y al partido que le sustenta y de nuevo, una vez en el Poder sale movido en la foto. Despareja a Cultura de Educación  y lo suma al deporte y nombra como Ministro de Cultura y deporte a un autor de manuales de autoayuda editados por programas de Televisión mañaneros. Y aficionado como Quim Torra a dejarse llevar por la sinceridad en los tuits, en los que se explaya contra el Deporte que ahora le toca regir. Toda una señal en toda regla.

El Poder no gusta de la Cultura, ningún Poder. Y busca que la poca que haya esté bien subvencionada, la manera de que sea dócil y agradecida. De nuevo tiempos oscuros para la literatura (la de verdad) para la música, el teatro, el cine, etc. La cola de pedigüeños da la vuelta desde el portal de Ferraz por la calle del Buen Suceso hasta llegar a la de Princesa y quién sabe hasta dónde más.

El Poder no quiere critica fundamentada y prefiere que la sociedad civil española siga viendo Master Chef, Operación Triunfo o Eurovisión y se vea reflejada en el zureo pre adolescente de nuestros representantes. Y que se emocione con ello. Esa es la cultura que le interesa al Gobierno por eso ha nombrado a su mamporrero. ¡Siempre igual! Ya me lo dijo personalmente un mandatario del partido socialista en la segunda transición: No es tiempo para que nos toquéis los cojones. Pues eso.

La Cultura se queda de nuevo en su Quel, de nuevo despreciada. Junio