Un Gobierno republicano

Se cierra una puerta y se abre una ventana

La gente sabe que la vida siempre da una oportunidad y que muchísimas veces, esta llega de manera sorprendente, inesperada, aunque siempre podemos encontrarle antecedentes y casi siempre somos capaces de encontrárselos. Toda justificación precisa un hecho.

De facto, Pedro Sánchez es nuevo presidente de Gobierno del Reino de España, el 7º y no lo es por haber ganado unas elecciones sino porque la vida, incluso la política tiene sus propias y sorprendentes reglas. Es Presidente por haber ganado una moción de censura al Gobierno, la cuarta que se planteaba y la primera que se gana. Por el contrario Mariano Rajoy deja de ser presidente del Gobierno, no por haber perdido unas elecciones, sino despedido fulminantemente a causa de esa moción de censura. Las aristas del sistema parlamentario español.

Pedro Sánchez y el PSOE presentaron de inmediato la moción de censura con la oportunidad de la publicación de la sentencia del caso Gürtel que condenaba a las personas encausadas y al propio PP por crear y mantener una caja B llena de mordidas, sobornos y otros aprovechamientos ilícitos. El PSOE hizo lo que tenía que hacer. Lo que seguramente no hizo fue calibrar el posible alcance de su decisión. Pero la España política de hoy está dividida en dos sensibilidades antagónicas con un común denominador: Nadie quiere a Rajoy. Al que se acusa de inacción. Pecado mortal en la acción política, lo que ha traído a la trinchera socialista de manera improvisada a prácticamente todo el arco parlamentario, excepción hecha del Partido cuya naturaleza descansa más en los estudios sociológicos que le dibujan como un partido de futuro que en su comadreo con el PP. Es obvio que nadie en su sano juicio votaría a favor de que el PP, partido juzgado y condenado, permaneciera en el machito. Ese imperativo le ha sumado al PSOE diputados hasta la cifra de 180. Una legítima mayoría holgada. Así en poco más de tres días la democracia despide a Rajoy y cierra la puerta que guardaba y entroniza a Pedro Sánchez que llega por la ventana.

Un PP enrabietado descarta que Rajoy dimita y se convoquen elecciones. Sabe que no las ganaría jamás. Ya le costó formar gobierno gracias a la abstención del partido que hoy le desaloja del poder y con eso deja caer en la ignominia a su Presidente. Desde las bancadas conservadoras se le despide con grandilocuentes despedidas, pero con gran alivio, me temo, también.

El gran duelo del PP está en metabolizar las supuestas traiciones de PNV, Coalición Canaria y Nueva Canarias que votaron con ellos la semana pasada los presupuestos  conservadores que Pedro Sánchez se compromete a mantener, probablemente como condición impuesta por esos tres partidos, sobre todo PNV. Pero la política no tiene moral, aunque la preconice.

El futuro y su adivinanza, como decía Ramón Llull, es un asunto de rufianes, pero es inevitable. Al futuro Gobierno del Reino de España se le augura un futuro incierto y agitado. Es un gobierno formado exclusivamente por formaciones de inspiración republicana. Muchos socios suyos son indeseados aunque agradecidos. Mas que votar a su favor no tenían otra opción que votar contra el PP y su sentencia, por lo tanto habrá que esperar a ver el calado de las decisiones que necesariamente tendrá que tomar y como las sacará adelante. Algunas expectativas de algunos de sus socios son inviables en el actual ordenamiento constitucional y variar este tendría que consumir más de una legislatura.

El PP por el contrario tiene su futuro más marcado. Desalojado del Poder por primera vez en esta democracia y con un líder amortizado. Solo puede intentar refundarse si no quiere diluirse, parlamentariamente hablando.

¿Y qué pasa con la gente? Ya saben lo del árbol caído. Leña al mono que es de plástico. Pero las bolsas y la calle están contentas.

Los ministerios de Justicia sueñan con los jueces y el desvelo es poderoso. Junio