Agur T’erdi

La gente sabe que algunas cosas. En realidad creemos que todas las cosas que suceden y dejan de suceder, no se desvanecen de la memoria de la gente como esperamos que suceda. Y deseamos, tantas veces. No. En realidad, la memoria de las gentes es bastante reacia a dejar de lado lo que ha pasado. Desde luego mas con unas cosas que con otras y durante mas tiempo, pero nada de lo que sucede en la sociedad civil es baladí y los ejemplos históricos lo certifican.

Tantas cosas suceden a tal profundidad social y durante tanto tiempo y afectando a tanta gente que luego, no se borran así como así. La capacidad de rencor (Sentimiento de hostilidad o gran resentimiento hacia una persona a causa de una ofensa o un daño recibidos) en las personas tiene una variabilidad dependiente de factores diversos, algunos mas determinantes. La gravedad del sentimiento de daño sufrido, la personalidad o las circunstancias que la rodean. Sin embargo, cuando el rencor se instala en la sociedad civil, se deshumaniza de algún modo porque se universaliza y la suma de las personalidades no iguala a la profundidad del sentimiento. La historia, como siempre, nos brinda ejemplos abrumadores aunque quizá el culmen esté en el rencor que la sociedad civil alemana en los años treinta del siglo pasado desarrolló contra sus conciudadanos judíos. Ese sentimiento sordo permitió la famosa noche de los cristales rotos y la deliberada ignorancia de lo que sucedía con la población judía y que dio en el holocausto. Una sociedad entera cerrando los ojos, los oídos y los labios. Víctima de la propaganda y rehén de sus consignas.

Eso ha venido pasando en Euskal Herria. País Vasco, desde 1959 al menos aunque mucha simiente de aquello estaba sembrada desde la conciencia de Sabino Arana por mucho que algunos lo intenten ocultar. Desde las juventudes del PNV se desarrolla el germen de E.T.A. Y desde entonces se desarrolla en todo el territorio un relato canónico de la realidad social vasca que solo puede aceptarse o arriesgar la vida.

El franquismo acunó generaciones de revolucionarios que durante un tiempo pensamos que solo la violencia, la misma que el Estado ejercía, iba a ser capaz de vencer al fascismo. Hasta ahí, sin que ello conlleve ningún tipo de justificación, podemos debatirlo, pero desde que el Régimen cayó y  las instituciones democráticas volvieron, a pesar de su imperfección y enanismo social, las cosas dejaron de tener justificación si es que en algún momento la tuvieron.

E.T.A. ha anunciado su disolución. Pasa a ser un error sangriento sin cabeza. Sin alcanzar ningún resultado, ninguna meta, ningún objetivo salvo uno: El dolor. Ese dolor que se queda renuente en las personas que sufrieron su violencia y sus consecuencias. Mas de 10.000 afectados directamente y casi 900 muertos. Bien. Ahora comenzará la tarea de ver como se olvida eso. Las personas podrán en función de su personalidad, su edad, su ideología, etc. Ir superando el rencor. No creo que pueda eliminarse ni en varias generaciones que siempre seguirán el relato de los suyos y tendrán a la vista las consecuencias. Ellos tendrán el apoyo de los suyos, la conmiseración de los demás, incluso el reconocimiento de las instituciones y puede que hasta todas las víctimas terminen considerándose iguales. El problema lo tiene la sociedad civil que no tiene personalizado el asunto. Cada uno sabe que hizo y todos sabemos lo que pasó así es que poco queda por decir salvo alertar que no se inventen ahora distintas historias.

El euskera, la lengua vasca es una lengua integrativa que poco a poco se va hablando por mas gente, lo que no parece dañar, sino al contrario, el cuidado de una lingua franca universal como el castellano. Es una lengua que tiene expresiones muy propias y distintas de cualquiera otra. Agur T’erdi es una de ellas. Se usa como despedida ceremonial y es una expresión muy sentida. Literalmente se puede traducir como Adiós y medio adiós más. Adiós y medio. Pues eso.

 

Las horas se desdicen en la tristeza de la lluvia y esperan a salir el sol por si les toca. Mayo