Derecho y deber identitario

La gente sabe quién es. Cada uno de nosotros nos relacionamos en un mundo de diferenciales donde nos reconocemos con los que se nos asemejan. Aquellos con los que compartimos coincidencias que nos hacen reconocerles y que a su vez nos reconozcan. Son valores simbólicos que nos identifican. Que nos aseguran compartir una secuencia de señales y que nos muestran ante los demás como miembros identificados de una  manera de ser, sentir, hablar, comportarnos. El ser humano es socializado en el seno de un grupo de valores asumidos por las personas que le acompañan en esa socialización. La familia inmediata, madre, padre, hermanos abuelos, tíos y primos se manifiestan como el medio ambiente en el que se forjará la identidad del ser humano. Con ellos aprenderá la lengua, las costumbres, los valores. Está claro que en el mayor porcentaje de los casos, estaríamos refiriéndonos a los procesos de infancia, pubertad y juventud de los miembros del grupo identitario, pero no solo. Personas llegadas al grupo migradas desde otras culturas acometen el mismo proceso de socialización, es verdad que desde otras perspectivas y con diferentes resultados pero en algunos casos, precisamente, se produce una socialización que da en la asunción de las señales identitarias con una profundidad que se corresponden con actitudes activas de reclamación y asunción de identidad que alcanzan cotas que los nacidos en el grupo no alcanzan. Terminan siendo más papistas que el Papa. Es un proceso repetido, estudiado y publicado.

No parece necesario señalar que la asunción de identidad no precisa ni de un grupo de presión, ni siquiera de un grupo de valores muy diferenciales. Los pueblos Villa Arriba y Villa Abajo suelen tocarse. Pero es cierto que en determinadas áreas culturales donde los valores identitarios pueden ser muy diferenciales, mantenidos durante muchos años, generalmente a través de una lengua propia, provocan una identificación mas fuerte. Cuanto mas diferente se ve el individuo frente a otro, mayor trascendencia toma la diferencia. Y esa diferencia es precisamente el origen del camino identitario. La identidad se reafirma frente al diferente y con ello se inicia la aventura del derecho a serlo. El derecho a que se identifiquen, señalen y respeten los valores diferenciales, la marca registrada. La lucha por esos derechos abre el camino al nacionalismo. No debería ser así necesariamente, pero la historia nos demuestra que es así.

Lo que sucede entonces es que el concepto diferencial pasa de verse y ver a los demás como distintos a comenzar a excluirles. La exaltación de lo propio deriva en la denigración de lo ajeno. Ese camino empieza en el desprecio al otro y puede terminar en la conversión del otro en el enemigo.

Todo ser humano tiene derecho a que se reconozcan y respeten sus signos de identidad, su cultura, su lengua, su manera de vivir y su historia y cuando eso sucede, el ser humano alcanza un derecho fundamental. El problema llega cuando ese derecho se transforma en deber. Por naturaleza, no se tiene el deber con la identidad, salvo que se desarrolle por su causa un asunto político en cuyo caso los valores se trastocan en estrategias políticas. En esos casos, el poder nacionalista deconstruye la realidad a su antojo para reinventar otra que sirva a sus fines que no son sino políticos. El paso siguiente es convencer a la ciudadanía que el derecho que ostenta le obliga al deber. De esa manera se va levantando un muro social concienciado de su diferencia y obligado a instaurarla e imponerla.

Los vascos sabemos algo de eso. Nos lo hemos comido mas de cuarenta años y nos ha costado carísimo. Algo se puede aprender de  nuestra experiencia y lo mas determinante es que en esa representación de la Arcadia prometida, la violencia es lo mas inútil de todo. Los últimos días se están identificando señales de violencia social en Cataluña. Nosotros lo llamamos kale borroka. Caldo para los bárbaros que solo saben mirar a través del cañón de las armas. ¡Ojo!

Todos los círculos concéntricos caminan hacia dentro. Un punto. Marzo