Lo bueno de lo malo

La gente sabe que como dice el refrán: No hay mal que por bien no venga. No se trata de buscarle a la desgracia el resarcimiento, al fracaso otra oportunidad. En realidad es que lo peor enseña mas que lo mejor y termina por convertirse en un catálogo de lo malo realizado, junto a la estrategia y la metodología de cómo revertir la situación. Estamos hartos de oír como las grandes equivocaciones vienen seguidas de grandes aciertos y los ejemplos nos abruman a poco que quedemos abiertos a ellos. La situación se repite tozudamente en todos los ámbitos de la vida del hombre de tal manera, con tal magnitud que parece presidir las tendencias mas que ser su consecuencia.

La muerte de un mantero en el barrio de Lavapiés en Madrid, sirve desafortunadamente para poner el tema en las primeras páginas de la actualidad y obligar con ello a los políticos a afrontar un problema dormido sobre la almohada de la permisividad compasiva, sin ninguna alerta de consideración legal, ni ayudas de ningún tipo.

Una sentencia del Tribunal de Estrasburgo sobre la denuncia de la quema de fotos del Rey Felipe VI saca  a la luz la vigencia de los símbolos y su significado e interacción. Parece que el hombre es incapaz de poder vivir sin ellos, sea para exhibirlos y hacerlos suyos como para lo contrario. Creíamos haber pasado página en estas cosas de las banderas pero queda claro que no conseguiremos desmantelar las banderías.

Basta que un pequeño sea asesinado por quien debería protegerle para que la polémica sobre la revisión de la prisión revisable permanente tome vital importancia por su aplicación a la rabiosa actualidad como dicen los cursis. En este caso el precio es demasiado caro, también desde su impacto social.

Basta que un partido de rugby en Bélgica se convierta una derrota frente a un equipo al que se le había ganado 30 a 0 en el anterior para que ese nobilísimo deporte se asome a la actualidad y despierte la admiración de la gente.

Basta que el Gobierno comience a aplicar el articulo 155 en Cataluña, lo que es una desgracia democrática que solo evidencia un fracaso histórico, para que la dinámica pública catalana se reencuentre con la normalidad y la tendencia iniciada en el Proces se invierta y las cosas vuelvan a ser casi como eran antes de la deriva soberanista animadas por la tendencia de los números objetivos de las estadísticas, mientras la fuga de depósitos se frena y las contrataciones vuelven a verse libres del 3% aunque a pesar de eso no se pueda evitar que la inversión extranjera que no se deja convencer a la primera, baje un 40%. Con todo, parece que no haya demasiada intención para poner en pie un nuevo gobierno independentista mientras las administraciones publicas catalanas en manos de los funcionarios de carrera funcionen como un reloj.

Parece que aquel No hay mal que por bien no venga vuelve a sugerirnos depositar la  mirada en las cosas que se hacen, más que en las que no se hacen. El posible fracaso en las cosas hechas es incomparable a la incertidumbre infinita de la duda lo que hubiera podido ser en caso de no habernos inhibido.

Es cierto que todo gravita en torno al hecho consumado y que después de lo peor solo puede llegar algo mejor. Menos mal que las esperanzas es lo ultimo que se pierde primero.

Asoma el incienso entre la bruma de las velas para seguir ocultando el misterio de creer. Marzo