Lo incivil

La gente sabe que cuando las cosas llegan a un límite, su propia explosión revela el cúmulo de asuntos que han llevado a la sorpresa. Pasa en todos los órdenes de la vida aunque la que vemos con más frecuencia es cuando el orden familiar convencional se rompe. Es sin embargo en la sociedad civil donde se puede ver con mejor visión las causas de los movimientos sociales una vez que estos se manifiestan. Es cierto que a pesar de las cada vez mayores posibilidades de las Ciencias Sociales, concretamente, la Sociología, no somos capaces de ir por delante de los acontecimientos y nos vemos sorprendidos por los hechos. Pasó con la crisis económica, pasó con la explosión del movimiento 15 de mayo y muchas otras mas aunque, es posible que la más reciente y virulenta haya sido la explosión del denominado Proces, en Cataluña. Todos nos hemos visto sorprendidos, incluidos, yo creo, que bastantes catalanes.

Los procesos sociales son dificilísimos de analiza mientras ocurren. La cantidad de factores que intervienen y dejan de intervenir, modifica la foto y difiere la capacidad de medir y valorar sus aspectos fundamentales. Por tanto, a pesar del tiempo que lleva vigente y las cuestiones que ya conocemos, sigue siendo muy complicado mirar dentro del  hecho social que se ha puesto de manifiesto aunque, tras la explosión y el humo, empiezan a asomar algunas tendencias que han ayudado a desembocar la travesía social del catalanismo en este callejón sin salida en que está metido y del que por lo que oímos no tienen interés en salir, persistiendo en un órdago al Estado instalado el sentimiento en una política propagandística basada en colocar a la sociedad civil, a la gente, por delante de las leyes y las decisiones de los tribunales, argumentación que podría tener sentido en un entorno de colonialismo, represión y guerra, cosa que no sucede en Cataluña, una de las regiones más desarrolladas de Europa. Y lo demuestra el hecho que quien sostiene y alienta el pulso no son formaciones políticas que aglutinen a los más desfavorecidos u oprimidos, sino justo lo contrario. Junts per Cataluña heredera de CIU es el partido de la burguesía catalana, precisamente la que mejores réditos ha obtenido secularmente de su relación con el Estado, aunque insiste en confundirle con el Gobierno. Es la burguesía la que alienta el enfrentamiento en un gesto de desafrancesamiento contumaz. No son sus socios paradójicos de la CUP los que instan a la incivilidad sino las asociaciones precisamente civiles como la ANC u OMNIUM los que han instado a posiciones de falso civismo. La RAE dice de civismo: “Comportamiento de la persona que cumple con sus deberes de ciudadano, respeta las leyes y contribuye así al funcionamiento correcto de la sociedad y al bienestar de los demás miembros de la comunidad” es algo que se vincula con el comportamiento ordenado y responsable. Aún más en una segunda acepción dice de civismo: “Preocupación y cuidado por las instituciones e intereses de una nación” El origen se estima en un préstamo (s. xix) del francés civisme, neologismo originado con la revolución. De la familia etimológica de ciudad (V.).

La burguesía nacionalista ha aprendido a mirarse el ombligo y se ha quedado ahí. La catalana busca su independencia no la independencia. Busca su beneficio como siempre y como siempre desprecia y persigue y estigmatiza a quien no piensa como ella. Elabora un discurso equívoco en el que confunde aposta Gobierno con Estado y habla de la gente y el mandato recibido de ella como un sintagma canónico y absoluto, llama civil a lo incivil y terminará buscando su provecho y volverá a dejar en la cuneta a todos aquellos de los que ahora se sirve para sus fines como la CUP. Como ha hecho siempre. Los charnegos le son necesarios para llegar al objetivo y después le estorban.

Los sueños cavan zanjas para estimar la distancia entre sus versos. Febrero.