Lo normal

La gente sabe que usa las palabras en función de su interés y muchas veces, quizá el mayor número de ellas, sistematiza el uso por costumbre mas que por elección. Así, dedicamos calificativos que no siempre responden a nuestro interés, o la mejor definición de la cosa, pero que en realidad hemos visto tantas veces usados en parecidas circunstancias que las usamos sin reflexión. Cosa, por cierto, que no es baladí pues a veces significa la incorporación de un sentido novedoso al uso establecido y termina por incorporar novedades al lenguaje que enriquecen el léxico de asuntos como el deporte o las redes sociales y que la Academia termina por incorporar pues el lenguaje popular e incluso el lenguaje popular menos cultivado suele ser la principal fuente de novedades de una lengua como la española que tiene una capacidad de adaptación a los tiempos asombrosa y que seguramente es responsable en cierta medida de que esté situada a nivel mundial donde está.

Pero volvamos a lo nuestro: El uso de la palabra. Las circunstancias sociales acunan sus propias expresiones. Muchas veces rescatadas del baúl de los recuerdos. Otras, desarrolladas desde otra lengua usada, muchas veces, dotando de nuevo sentido a otra palabra usada de manera diferente y otras, inventándolas directamente. Nuevas, novísimas. Aunque la mayor parte de las veces, las usamos de manera reducida, en su sentido mas usado que pocas veces es el mas completo.

Normal, del latín normālis. Dice el diccionario (sic) de la RAE: Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural. Que sirve de norma o regla. Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a normas fijadas de antemano. De las tres acepciones que nos interesan, las otras son referencias a concepciones geométricas, el uso vulgar extendido se refiere mas a la primera que a ninguna. Decimos que una cosa es natural porque no viene sino a comportarse como tal, lo lógico, lo que esperamos que sea, lo que debe ser. Por tanto, normalizar, normalización viene a ajustarse mas a la lógica conducta social aunque a veces, como hemos dicho antes, las circunstancias retuercen los conceptos dotándoles de otras dimensiones que terminan imponiéndose.

En los últimos días se habla incesantemente de la necesidad de que Cataluña vuelva a la normalidad. Normalizar Cataluña. Pero se dice en un contexto excepcional donde los acontecimientos no son los naturales que se deberían vivir, sino todo lo contrario. La paradoja tiene sentido en cuanto que viviendo bajo excepcionales las relaciones se normalizan mientras que la otra opción de reestablecer las normas vigentes en el Estado de las Autonomías, la situación no ha sido la normal, sino que ha tenido lugar la mayor trasgresión de las que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a normas fijadas de antemano.

La normalidad se alcanza en la excepcionalidad mientras que su estado normal ha sido tremendamente excepcional.

El nacionalismo tiene en su seno esta enorme colección de contradicciones que le convierten en un movimiento ensimismado, ausente de lo que no sea su propia realidad y empeñado en negar cualquier otra que se anteponga en su camino.

Los líderes independentistas catalanes parecen empeñarse en prorrogar la anormalidad del 155 como si en ello se vieran las cosas mas claras que en su Arcadia militante. Han estado dispuestos a romper Cataluña por la mitad y Dios sabe si no lo han conseguido con tal de lograr su propósito, pero no parecen tener prisa en que esta normalidad del 155 se agote. La paradoja resultante del ensimismamiento y la negación del otro. Que es lo peor.

 

Cuando suenan los himnos callan las canciones. Febrero.