Propósito de enmienda

La gente sabe que cuando la vida nos da la oportunidad de rebobinar y comenzar nuevamente, siempre construimos sentidos de propósitos para el tiempo que comienza. Suele pasar cuando las fechas establecidas nos dan la pauta y el puesto de salida. El comienzo de septiembre tras las vacaciones. El día después de nuestro señalado cumpleaños. Tras la salida de una situación difícil de tipo médico o económico. Pero sobre todo cuando las calendas nos señalan el nuevo comienzo tras el solsticio de invierno y empezamos a contar los meses, las semanas y los días de un nuevo año. Siempre emitimos señales de cambio, propósitos para empezar a hacer, para continuar haciendo o dejar de hacerlo. El sentimiento es cambiar.

También sabemos que el ser humano es intrínsecamente perverso. Su naturaleza de depredador y supravalente le hace un ser proclive a la maldad. Al ventajismo. La venganza. El engaño. La suerte impía o la ignorancia. El hombre solo es proyecto moral desde la religión, que lo sabe de tal manera que propone el propósito de enmienda, pues presupone que estamos en el camino equivocado y que si seguimos por el terminaremos condenándonos al infierno eterno.

Comienza la cuenta atrás de 2018 y adonde miremos nos rodean los propósitos de enmienda. Desde todos los ámbitos de la vida humana nos llegan los deseos que lo que venga sea mejor que lo que se ha ido. La gente no se suele desear salud, dinero y amor como la canción sino “Feliz 2018”. Felicidad. Ese estado que se asemeja al éxtasis místico donde nada pesa, todo fluye y el todopoderoso nos protege.

Desear Felicidad es una decisión moral por nuestra parte para quien deseamos un estado en el que la vida humana, sus sinsabores, condicionantes, injusticias y mezquindades no tengan cabida. Un estado levítico. Más allá de lo humano.

Los sociólogos sabemos desde Mc Luhan cuanto cambia la sociedad, su estado de ánimo y condición en cada vez menos espacio de tiempo por estar hiper comunicada. Somos dependientes de los medios de comunicación y estos reaccionan con tal rapidez y globalidad que igual nos angustiamos por como avanza la lista de muertos en las inundaciones de la India que los tuits de los miembros de la CUP casi en tiempo real. Y eso produce dos situaciones relacionadas aunque contradictorias. Por un lado sabemos más de todo y por otro dependemos más de lo que sabemos más de todo. Pero parece que la formación de criterio no es tan rápida, de manera que aunque las cosas cambien muy rotunda y rápidamente, nuestro criterio no responde con la misma rapidez e intensidad. El criterio se forma más lentamente pero se consolida más rotundamente. De forma que aunque las cosas hayan cambiado, lo que pensamos y en lo que creemos nos mantiene en el lugar al que esas creencias nos han llevado. Es claro que aceptamos fácilmente los cambios pero cambiamos más difícilmente.

De pronto parece que todo el mundo se arrepiente de todo lo que ha defendido hasta la extenuación y parece dispuesto a enmendarse. Por eso, de las enmiendas se derivan promesas. En todo orden. Con  nosotros mismos o con los demás. Esta vez sí que seremos capaces de cumplirlas. Puede que las otras veces que las hicimos no estuviéramos preparados, pero ahora sí, ahora las cumpliremos.

No hace falta ser pesimista para pensar mal. Y como el Diablo es viejo, la perspectiva de enmienda se dibuja como una ingenua y clínica falta de dignidad. Todos sabemos que lo que se cumpla será más fruto de la fuerza de los hechos que de la voluntad de cambiarlos de manera que, como siempre pasa, nos encontraremos el 31 de diciembre de este 2018 preguntándonos por las enmiendas de este enero de 2018. Amén.

Lo que no se mura no se puede ver, aunque se trate de las estrellas. Enero.