Lo mismo no más que diferente

Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad.

Dame la bota María que me voy a emborrachar.

La gente sabe que en general estamos rodeados de lo de siempre y las novedades escasean mucho más de lo que nos gustaría. Suele pasar eso sí, que al igual que las aguas del río, no es lo mismo nunca. De ahí el título de estas notas. Esa frase genial de la cultura popular mexicana que como todas, acierta sin mirar.

No se sabe si será por el instinto de conservación que anida en el fondo de cualquier humano que tendemos a mantener las cosas más que a cambiarlas. Los seres humanos somos conservadores por naturaleza, de ahí que nos empeñemos en construir con materiales prácticamente imperecederos. Todos, desde los caldeos hasta aquí levantamos piedras imposibles para que se queden ahí después de nosotros, con lo poco que duramos bien podríamos dedicar esfuerzo y medios a otras cosas, pero así siguen siendo estas.

El villancico famoso no hace otra cosa que certificar el asunto que queda en evidencia y la duda es si lo de emborracharse con la bota es para hacer gimnasia o porque llegue más tarde la curda. En definitiva hoy es hoy y mañana, mañana.

Y hoy se dirime en Cataluña una enorme baraja de sensaciones que conforman un desencuentro y que han conseguido que cada cual parezca otro. Tanto los que han comenzado el baile como los que tocamos las palmas. El caso es que anda el juego entre iguales no más que diferentes. Y eso que creíamos que Franco había muerto hasta que ha sido virtualmente resucitado para jolgorio de algunos que guardan la banderita con el pollo bien dobladita por si les llega la oportunidad de sacarla de nuevo al balcón. Como en todos los desencuentros, los mensajes son tan equívocos como inevitables. Cada cual despliega su catálogo de agravios y menosprecios y en ello encuentra la mejor razón de ser de sí  mismo. El caso es que como en el villancico se explica lo que se conoce: Que el día siguiente será D.M. el día siguiente y este, salvo sorpresas mayúsculas, será lo mismo no más que diferente. Los partidarios de la independencia manejarán como lo han hecho hasta ahora el discurso anti españolista que tantos réditos les ha dado desde aquel lejano 1978, y ese relato volverá a ser asumido por una mitad de la población del Estado y sus torticeras acciones. Gentes sin más pulso político que enfrentarse a los buenos catalanes que solo quieren votar. Determinados a cercenar los cauces democráticos auxiliados por un sistema judicial corrupto y a la orden del poder político que solo busca seguir empeñado en sojuzgar las buenas intenciones de una ideología xenófoba, insolidaria, racista y cicatera que desprecia todo lo que no sea suyo ni provenga de ella. Una pena.

“…….Y mañana Navidad” Pues eso. Mañana será otro día en el que las cosas puede que sigan igual que hoy y que ayer.

La sociedad civil catalana que firmemente se cree robada, expoliada más bien y con sus derechos fundamentales cercenados, volverá a asomarse al abismo del Estado con su cuello en peligro. Volverán los mensajes victimistas, manipuladores sobre la naturaleza del hecho de votar como si en si mismo contuviera la verdad suprema, independizada del propio contenido. No importa lo que se vote, lo que importa es hacerlo.

Los sondeos de opinión nos dan la imagen fijada antes de la Iliada de Puigdemont, porque hay mucha gente que sigue sin creer en la realidad. Porque esta no consigue convencerlos a pesar de los muchos datos objetivos. No es extraño que quien crea lo mismo haga lo mismo mañana. Lo mismo no mas que diferente.

La tiza antigua de los párvulos precisos aún respira en la especulación. Diciembre.