Pese a todo

La gente sabe lo que sabe no porque se lo hayan enseñado sino porque es consciente de lo que conoce aunque los demás que le observen no lleguen a sospechar hasta donde sabe. Lo sabe porque habla consigo misma aunque hable con otros, o precisamente por eso, porque se constituye a partir de los demás y en ese ejercicio compartido encuentra lo mejor de si, las conclusiones implícitas que le permiten saber de qué habla. La gente va a al bar, comenta en el ascensor, escucha a la mujer en medio de las noticias de la tele, oye en el metro lo que comentan los de al lado, se para a tomar café y está conectado el televisor del bar a otro canal que no ve habitualmente, le llama su madre, si vive, para comentarle lo que se dice en la Residencia, escucha a los amigos de su hijo menor sobre lo que hablan sus padres, destila como puede la información de los WhatsApp, lee los SMS, escucha los chistes, ve los vídeos de unos y otros, escucha la radio, lee los periódicos, ve la tele, analiza los rostros y los ademanes y los comenta de nuevo en el bar, etc. Etc. Etc. Etc.

La gente sabe porque es parte vital y nuclear del proceso comunicativo y constituye una construcción sensible de todos los inputs que le han llegado tan variados, plurales, improvisados, interesados, inconvenientes o malintencionados. Son tantas cosas tan diversas llegadas desde emisores de comunicación tan diversos, contrapuestos y contradictorios que no pueden sino tener la solución mas naturalmente sobrevenida. La gente sabe lo que sabe porque no puede dejar de saber lo que sabe como resultante de su vida cotidiana. Un saber ecléctico, plural, conocedor y popular en el sentido desinteresado del término.

Y la gente está harta del tema catalán. Está harta porque el bucle no deja de girar sin que parezca que nada le afecte. No comprende cómo es posible que a pesar de la marea de hechos que han desmentido los presupuestos y promesas de los independentistas catalanes, estos sigan, en la terminología carcelaria desvelada tras la encarcelación de los Jordis, con la matraca. Las cosas que pasan se ven difícilmente mientras lo hacen. El presente es tan rápido y a nosotros nos cuesta tanto darnos cuenta de las cosa que tantas veces somos conscientes de lo que ha pasado, cuando ha pasado. La sensación es que lo que está pasando no se puede medir hasta que haya pasado y sea demasiado tarde, como tantas veces. Pero puede que lo que se ve en el mundo golpista catalán es que esa negación de la realidad con la que parece que comenzó todo sigue vigente pese a todo y claro, no se ve lo que no se quiere ver. Todos los miembros del Govern y el Parlament han dicho que la república fue una chirigota, pero se postulan para de nuevo encabezar las listas a la misma matraca, postulados por los órganos de sus partidos correspondientes y animados por las manifestaciones públicas al respecto, como la de los bomberos de antes de ayer.

Y la gente que observa atónita ve como se crea una sociedad civil virtual que soporta una idea de país virtual basada en ideas y conceptos que se han demostrado equivocados. En promesas incumplidas. En renuncios vergonzantes. En actitudes y declaraciones escritas delatoras, que sin embargo no tienen consecuencias aparentes sino la de apretar las filas.

La sociedad civil catalana partidaria de la independencia parece inmune a la realidad sobradamente comprobada desde el mundo económico, legal, comunitario, internacional, etc. Etc. Y transmite la sensación que pese a todo, se continuará como aquel chiste del navarro empecinado que caminando con su borrica por la vía del tren y oír a este silbar advirtiéndole, decía aquello de “¡Chifla, chifla que como no te apartes tu!”

Lo peor es que queda la sospecha de si todo esto no es mas que otra lección de hipocresía sin ningún rasgo de grandeza y respeto por las grandes palabras: Libertad y Democracia.

Harto ya de estar harto y pese a todo. Noviembre.