Antropoceno

 

La gente sabe que en la relación Hombre-Naturaleza reside quizá la gran cuestión humana por resolver. Parece muy dramáticamente descrita una sencilla especulación intelectual sobre la que casi todos los pensadores relevantes han vuelto su mirada. Así, filósofos, biólogos, escritores, sociólogos e historiadores hemos entrado en esa ecuación distinta para especular sobre ella y entender su relación íntima, distintiva como ninguna. Se plantee el análisis desde donde se plantee y se le apliquen al objeto de análisis las herramientas de saber que sean, la premisa que se dibuja cuando se abren los ojos a la relación entre las diferentes miradas científicas es que desde luego, vivimos una era (aunque deberíamos usar su diminutivo, por la distancia en miles de años con las eras descritas) en la que la presencia humana y su trascendencia en la Naturaleza es distintiva de sus formas evolutivas. Las cosas de animales, plantas y minerales transcurren de la mano del hombre y este es sin duda el eje desde el que la evolución se conforma, de ahí que muchos científicos hablen de esta era nuestra como antropocénica.

Ya se ha especulado suficientemente sobre la cualidad humana de obviar el proceso adaptativo para optar por el proceso impositivo de manera que el objetivo dibujado con nitidez desde que el hombre ha sido cuantitativamente significativo como para que su intervención en la Naturaleza se pueda considerar cualitativa, ha sido la de encontrar las formas de transformar el medio para adaptarlo a la estrategia evolutiva humana. En ese sentido estaríamos viviendo en el Antropoceno o era del hombre. Es cierto que el tiempo transcurrido desde que podemos aceptar la presencia humana en el desarrollo natural como agente transformador es ínfimo comparado con otras eras anteriores, pero hay que tener en cuenta dos cosas importantes para aceptar ese concepto antropocénico. Una es que el hombre tiene prisa. Su ciclo vital es tan pequeño que no puede esperar que las leyes evolutivas le provean de sus necesidades, por lo que se ve necesitado de subvertir los ciclos e intervenir en ellas, acelerando de manera no natural, si se quiere decir así para que la Naturaleza real se adapte a su concepto de Naturaleza intervenida. Cultural. Ética. En ese sentido se podría decir que el comportamiento humano es sobrenatural. Otra cuestión a tener en cuenta es la manera en la que el hombre al desarrollar un espíritu, intelecto moral o ético se distancia del resto del mundo que evoluciona según los parámetros exclusivamente físicos. De esa forma, la teoría de la selección natural no va con el. La ley del más fuerte se adapta a la estrategia de su intervención en el desarrollo natural diferenciándole del resto del mundo, que por ello, queda a su merced. Por un lado mantiene su devenir evolutivo natural mientras es modificado por la acción humana no exclusivamente natural sino motivada, razonada, interesada.

Es necesario pensar en esta paradoja contradictoria que se nos plantea entre ética y evolución. Entre Naturaleza y moral. Porque de esa especulación es de donde nos puede llegar el libro de instrucciones para la gestión del hombre y el mundo, de los recursos y sus usos y propiedad. El hombre prospera como si el globo terráqueo fuera infinito. Extrae los recursos que precisa para su vida cada vez menos natural y se expande desplazando las especies que sean, minerales, vegetales o animales.

No sabemos cuánto durará esta era del Antropoceno pero sí empezamos a poder calcular sus consecuencias, no solo para el equilibrio y desarrollo natural sino para la propia vida humana.

Las sombras del cielo vuelven a dibujar formas antropomórficas para la magia. Diciembre.