Lo que nunca pasaría. Teoría de la proyección

La gente sabe hasta que punto y desde que tiempos tiene el ser humano una fascinación por la adivinación. Pocos empleos han sido mas generalizados en todas las culturas y en cualquier tiempo pasado que el de Augur y en pocas cosas han invertido mayores riquezas y esfuerzos los poderosos que en intentar anticiparse a los acontecimientos. Saber de antemano qué va a pasar. Desde los primeros chamanes a los actuales sociólogos, la lista de teorías adivinatorias, prácticas esotéricas o mágicas y estudios estadísticos del comportamiento humano es interminable y todo aquello que promete contarnos lo que viene nos fascina. El ser humano necesita estar a la moda, es decir; necesita conocer los parámetros sociales que vendrán, de manera que anticipándose a ellos, estará en posición dominante cuando estos se generalicen en la conducta social del grupo en el que se encuadre. Estará preparado para una situación que los demás deberán identificar primero, señalar después y analizar más tarde, cómo usarla en su provecho.

Desde hace mucho tiempo, sobre todo desde el comienzo de la era de la computación, los análisis sociales estadísticos, nos brindan una oportunidad numérica para intentar sacar conclusiones con antelación. Eso que se llama sociología proyectiva. La que intentará dar las pautas del acontecer futuro.

¿Y quién usa esas pautas? Al margen del común de los mortales, empresarios y políticos desmenuzan los datos del CIS y otros estudios periódicos, que son lo que por comparativa tienen mayor fiabilidad. Los políticos por anticiparse a la acción civil y los empresarios para adivinar las tendencias económicas y los gustos del mercado, entre otras cosas.

Pero he aquí que en esas pautas estudiadas, como un elemento mas estructural, están las que las contradicen produciendo el error. La impredecibilidad. Por eso, el error es tan grosero y tan cotidiano. En el asunto de la famosa crisis económica que nos arrastró desde Goldman Sachs hasta el brocal del pozo de la indigencia, se equivocaron todos los que tenían que haber acertado y en este asuntillo del soberanismo en Cataluña, más de los  mismo.

Todos los actores del Procés, tanto los políticos y empresarios de Cataluña como los de fuera se han equivocado gravemente, de forma que todo lo que parecía que nunca pasaría, tozudamente va pasando cada día. Todos se equivocan. Los que creyeron que irían mejor económicamente con la independencia se equivocaron. Se equivocaron cuando pensaron que siendo ellos la esencia del seny burgués catalán, la burguesía empresarial catalana iba a hacer piña con ellos, pero día a día se van marchando. El Dinero es el gran cobarde. Se equivocaron cuando pensaron que el Gobierno del Estado no tendría bemoles de meter la Guardia Civil en Barcelona, y al respecto, venían equivocándose en el camino de convertir la capital española más universal, desarrollada, internacional y desprejuiciada en una bonita capital de provincias.

Los de la meseta se equivocaron creyendo que el discurso nacionalista no tendría recorrido ni calado en la opinión pública internacional. Se equivocaron cuando creyeron que las imágenes de la presencia policial se iban a manejar con honestidad y no torticeramente y fundamentalmente, se equivocaron en el conteo de las manifestaciones cívicas. Les parecían unos cuantos y la realidad es que son muchísimos. Se insiste que no son mayoría, puede que no en sentido cuantitativo, pero su actividad las multiplica por muchos.

La consecuencia es que todo aquello que se suponía que nunca pasaría, está pasando. Y va a seguir pasando. Hay que abrir los ojos.

Nadie sabe hasta cuando nos quedará Barcelona ni lo que nos dejarán de Barcelona. Octubre