Lo mismo no más que diferente

La gente sabe que a estas alturas de la película, la que narra la historia y el estado de las sociedades modernas, todo esta descubierto: La trama, el asesino, la víctima, el que quiere a la chica, el que la desprecia, lo que piensa la suegra y aquello que oculta el auténtico culpable. Todo. La vida de las gentes de hoy no transcurre en los puestos de trabajo, las alcobas, las cocinas o donde sea. La vida está en internet. En Instagram, en twiter en Facebook o en You Tube. La vida transcurre donde siempre pero no tiene casi observadores directos. Hace poco en una gasolinera el hombre de la caja, al observar mi nombre en la tarjeta de crédito me dijo: “Se llama usted como el cantautor”. Yo le contesté como siempre lo hago: “Si, me pasa desde que nací”. El hombre siguió a lo suyo y volvió a decir: ¿Ese hombre se habrá muerto no?. A lo que yo contesté: No. ¿Porqué? Y el murmuró como respuesta: “Porque no lo veo por ahí”. Lo cierto es que se me quitaron las ganas de seguir con la cosa, pero estaba claro que mi presencia física a escaso medio metro de su cara no le era suficiente confirmación o fe de vida. Como no me veía por ahí, es decir por las redes sociales, al menos las que el debía frecuentar. Yo debería estar muerto.

Solo esta anécdota puede explicar que lo que ha sucedido en Barcelona y Cambrils vuelva a ser cierto, como la expresión mexicana del título de estas palabras: Lo mismo no mas que diferente. Maravillosa expresión para contar como las cosas suceden de igual modo con alguna diferencia imperceptible pero con la misma tozudez. Expresando de que forma el ser humano tropieza en la misma piedra, no dos veces como dice el dicho, sino una y otra y otra y otra vez.

En Ripoll hay diez mil habitantes y su población musulmana es de unas 500 personas, o sea el 5%, un personal fácilmente identificable,  no como por ejemplo, sucedía en tiempos de ETA en Euskal Herría cuando el camuflaje era completo. Sigamos: de esa población, si descontamos las personas mayores y los  niños, puede que nos quede un grupo humano entre los 15 y los 40 años de unas 100 personas de los cuales pongamos por caso que la mitad son susceptibles de ser captados para la Yihad por sus condiciones de vida específicas lo que ya es un cálculo tremendamente excesivo. Suponiendo que de esas 50 personas, la mitad no lo aceptara, nos queda un grupo de 25 personas que acudirían a una de las dos mezquitas de la ciudad. O sea, mas o menos 11 0 12 a cada una de ellas.

Los expertos aseguran y la razón confirma que el tiempo de radicalización para que una persona pase de ser social a terrorista suicida en potencia es de entre dos y un año mínimo.

En Ripoll hay mossos de escuadra, Guardia civil,  y otras fueras del orden. Un cálculo somero da un agente de la autoridad por terrorista suicida en potencia, que se reúnen en tan solo dos espacios públicos. Que en su deriva, va dando signos serios de cambio de conducta, cambio de forma de vestir, de gustos, de amigos, de tantas cosas, que parece que fuera imposible que nadie se percatara por todo ello de  alguno de los al menos 11 terroristas que algo estaba cambiando. Puede que la explicación, como decíamos sea que la presencia física ya no es suficiente y necesitamos pruebas de vida de los otros espacios vitales de las gentes de hoy en sus cuentas de las redes sociales.

Pero queda otra posibilidad: Que la sociedad civil originaria, es decir la sociedad civil no inmigrante, no los tenga tan de cara como presuponemos. Que los tanga al margen de su mirada en esa categoría que alguno de los detenidos ha expresado como justificación de Moros de mierda. Entonces sería otra cosa, aunque como dicen los mexicanos: Lo mismo no mas que diferente.

Los ecos del Muhecín retumban con estruendo por los patios ignotos. Agosto